Nota: Lo descrito a continuación es un sueño que viví de forma tan intensa que lo siento completamente real. Está escrito tal como lo oscuro que fue. No busco interpretaciones. Ya he intentado encontrarles sentido a este tipo de sueños, pero siguen sin tener lógica. Por eso, cada vez que ocurre uno de estos, intento despertarme lo antes posible para escribirlo y transmitir el horror que llega a mí.
3:21 de la madrugada. Me levanto para escribir sobre un sueño bien macabro que acaba de llegarme. Todavía siento esa pesadez en el cuerpo, esa sensación rara de no saber si realmente desperté o si sigo atrapado en otra capa del mismo sueño. Necesito escribirlo antes de olvidarlo.
Todo comienza con un grupo de hombres que viaja a una reserva natural para recuperar la historia detrás de la siembra de una planta especial destinada al cuidado del medio ambiente. El lugar se sentía extraño desde el principio. Había demasiada neblina, demasiada quietud. El aire olía a humedad vieja y las montañas parecían tragarse el sonido. En medio del recorrido llegamos a una mansión escondida entre árboles gigantescos, una construcción vieja, abandonada, pero que daba la sensación de seguir habitada por algo.
Ahí fue cuando alguien dijo:
—¿Sí están viendo eso…?
A unos metros, detrás de unas rejas oxidadas, se movía una especie de tigre. Grande. Silencioso. Caminaba lentamente de un lado a otro mientras nos observaba. Todos estaban asustados, y se supone que ahí aparecía yo. De la nada me entra una curiosidad absurda por acercarme más y más para tomarle una fotografía. El animal era esquivo y nosotros bastante miedosos, pero mientras avanzaba empecé a notar que algo no estaba bien.
No sé cómo explicarlo.
Era como si el animal cambiara poco a poco.
Como si su cuerpo no pudiera mantenerse estable.
Finalmente logro acercarme a unos cuantos centímetros gracias a una malla que nos separaba. Levanto la mirada… y me doy cuenta de que no era un tigre.
Era una hiena.
Una hiena enorme, demacrada, encadenada como si fuera un perro doméstico. Tenía marcas en el cuello y una mirada demasiado humana. No gruñía. Ni siquiera parecía agresiva. Solo me observaba como si estuviera cansada de existir.
Después llega el momento de abandonar el lugar. Ahí dejo de aparecer en la historia y todo empieza a centrarse en un solo hombre. El grupo se reduce hasta quedar únicamente él: una persona intranquila, incómoda consigo misma, alguien que parecía tener un profundo desagrado hacia la vida. Cuando intenta marcharse, se sube a su vehículo y justo antes de arrancar ve llegar otro automóvil.
La tensión cambia completamente.
El aire se vuelve pesado.
Todo queda en silencio.
Del otro vehículo baja una persona con un aspecto completamente psicópata. Caminaba lento, demasiado lento, acercándose al automóvil sin decir una sola palabra. El hombre, desde dentro del coche, lo observaba inmóvil.
—Arranca… arranca ya… —parecía decirse a sí mismo.
Pero no podía.
Había algo raro en el sujeto. No era solamente la mascarilla ni la sombra que cubría parte de su rostro. Era la manera en que caminaba. Como si supiera algo. Como si realmente no fuera humano.
Finalmente ambos se miran a través del vidrio… y no ocurre nada.
Ni golpes, ni amenazas; nada.
Pero antes de alejarse, el supuesto psicópata mira al otro hombre como si el monstruo fuera él. Y esa simple mirada termina siendo peor que cualquier ataque.
El hombre finalmente arranca el vehículo y comienza a conducir lentamente por la autopista. Ahí todo empieza a deteriorarse. La carretera parecía interminable y el entorno se transformaba en un paisaje de caos absoluto. Había cuerpos tirados sobre el asfalto, vehículos destrozados, automóviles incrustados dentro de agujeros gigantescos y restos de metal esparcidos por todas partes. Parecía el final del mundo.
El hombre empieza a desesperarse.
No se encuentra a sí mismo.
Se veía perdido mentalmente, como si ya hubiera renunciado a todo.
En un momento acelera directamente hacia un precipicio. El vehículo queda a mitad del borde, suspendido parcialmente en el vacío. Por un segundo parece decidido a terminar con su vida… pero se arrepiente.
Y entonces ve algo extraño a la distancia.
Entre la maleza aparece una mujer buscando un lugar donde hacer sus necesidades. Todo parecía una escena normal, incluso absurda dentro de tanto caos. La mujer encuentra un sitio apartado y comienza… cuando de la nada algo se conecta a su recto y la eleva violentamente en el aire.
La escena era grotesca.
Ella gritaba desesperadamente mientras quedaba suspendida sin entender qué estaba pasando.
—¡¿Qué mierda es esto?! —gritaba.
A unos metros otra chica sufre exactamente lo mismo.
Y finalmente el hombre también.
Los tres quedan suspendidos en el aire, inmovilizados, con un horror absoluto reflejado en el rostro. Después son trasladados a un cuarto diminuto y oscuro. Allí descubren que solo podían mover el cuerpo desde la cintura hacia arriba; el resto permanecía completamente paralizado.
Todos intentaban entender qué les había ocurrido.
—Esto no puede estar pasando…
—¿Quién nos hizo esto?
—¿Dónde estamos?
El hombre de la perdición queda arrinconado junto a una puerta mal ajustada. Desde allí alcanza a observar parcialmente el interior de otra habitación. Dentro había una pareja desnuda. Al principio parecían normales. Demasiado normales.
Pero algo no encajaba.
La tensión empieza a crecer lentamente. El hombre comienza a tener relaciones con la mujer de una forma cada vez más agresiva, más llena de odio, como si descargara años enteros de rabia reprimida.
Y entonces deja de parecer sexo.
Empieza a parecer una violación.
La sujeta por el cuello desde atrás mientras la penetra violentamente. La mujer forcejea, intenta resistirse… hasta que poco a poco deja de moverse.
Después todo queda en silencio.
Un silencio horrible. Ambos quedan inmóviles; demasiado inmóviles.
Entonces algo comienza a moverse en la sala donde estaban encerrados. Una de las chicas observa el centro del cuarto y murmura:
—Miren esa arma…
Del suelo emerge lentamente una pistola mecánica mientras una muñeca entra al lugar para explicar las reglas del juego. La voz de la muñeca era infantil, pero completamente vacía de humanidad.
—Serán torturados. Solo uno continuará.
La pistola empieza a disparar en múltiples direcciones, buscando ángulos imposibles para impactarlos. Todos intentaban apartarse desesperadamente como podían, saltando y arrastrándose con la parte superior del cuerpo porque estaban paralizados de la cintura hacia abajo.
Entonces el arma cambia los proyectiles.
Cada disparo se vuelve más letal.
Más cruel.
En uno de esos impactos alcanza al hombre de la perdición en una extremidad. El dolor era tan insoportable que terminaba llorando sangre, pero aun así se alegraba de seguir vivo.
—No… no me arrancó el brazo…
Después el arma aumenta todavía más la velocidad. Ya tenía cargado el proyectil más mortal. Los disparos comienzan a impactar a las chicas una por una, llenando el cuarto de sangre. Aquello parecía una carnicería. Gritos, fragmentos, paredes completamente salpicadas de rojo.
Y luego… silencio.
La muñeca reaparece.
—El juego ha terminado.
El hombre había sobrevivido.
La escena cambia nuevamente y ahora aparece encerrado en una especie de metrópolis donde solo podía escoger un año para vivir. El tiempo actual no existía ahí. Todo pertenecía a épocas antiguas, desde los años noventa hacia atrás. El lugar tenía un ambiente vintage enfermizo: luces opacas, humo, edificios desgastados y calles llenas de personas que parecían actuar como si nada estuviera ocurriendo.
Lo extraño era que el hombre volvía a caminar normalmente. Se veía completo otra vez, incluso saludable. Poco después comienza a reunirse con otros hombres misteriosos. Todos habían sobrevivido al juego anterior y esperaban el siguiente nivel.
Hablaban de ello con una tranquilidad aterradora.
Como si ya hubieran aceptado que jamás saldrían de ahí.
Y ahí termina el sueño.
O al menos eso creo.
Recuerdo haber intentado despertar para escribir todo esto antes de olvidarlo, pero no podía moverme. Después era como si me levantara y comenzara a escribir… aunque luego descubría que seguía dormido. Todo era un espejismo dentro de otro.
De hecho, mientras escribía esto, todavía pensaba que seguía atrapado en el sueño.
Hasta que escuché la alarma de las personas de la casa preparándose para ir a trabajar.
Ahí comprendí que finalmente estaba “despierto”, quizás.

