Lo peor de la traición es que nunca viene de un desconocido

Me tomó varios días decidir si publicaba o no este artículo y, pues, como pueden observar, la decisión está tomada.

Tenía más pensamientos en contra que a favor. En la actualidad he detectado que me leen personas cercanas, incluso del trabajo, por lo que me cuesta sincerarme tanto como lo hacía años atrás, cuando sabía que prácticamente solo me leían en el exterior.

Pero la cuestión es la siguiente…

Este sigue siendo mi blog, el lugar donde les he contado sobre las victorias, las derrotas y un poco de todo. Es un testimonio de que, bien o mal, todo queda en esa memoria histórica de la red, más allá de mi propia vida y de lo que algún día pueda llegar a ser.

A continuación el texto que escribí el día de la movida, el cual trataré de no modificar y solo agregar texto aparte para garantizar ese sentir (sí, hoy lees dos versiones de mi mismo):

Con un nudo en la garganta

Hoy vengo a escribir sobre una triste historia, otra más del montón…

Para resumirles demasiado: yo vivía con mi madre, un hermano y un padrastro. Volví a vivir con ella después de casi dos años de independencia por una situación similar a la que les voy a contar a continuación, que quizás los más antiguos de este blog recordarán.

El caso es que mi madre últimamente se veía asediada porque mi padrastro tenía otra mujer. Poco a poco fue dándole más y más importancia, al punto de que mi madre parecía ya la moza. En el barrio era la burla de todo el mundo y, enseguida, la otra vieja, para más inri, la amenazaba y buscaba cualquier oportunidad para presumir ante la pasividad de mi madre.

Todos los hermanos (somos cuatro) nos pusimos de acuerdo en hablar con el padrastro y con ella, en son de diálogo, para tomar decisiones y salvaguardar la vida de mi madre, quien se creía amenazada por aquel hombre e incluso por la otra vieja. Quienes conozcan el término «coacción» entenderán a qué me refiero. Mi mamá siempre actuaba con miedo y no consentía que se tocara el tema (por algo era).

Resulta y pasa que hoy, domingo 30 de agosto, mis hermanos comenzaron la reunión sin mí. Yo estaba trabajando cuando todo se salió de control. Aquel hombre se tornó violento y los amenazó con un cuchillo a todos. Ellos intentaron defenderse en vano, llamaron a la Policía y yo, impotente desde el trabajo, no podía hacer mucho. Posteriormente, cuando llegó la Policía, me tranquilicé, pero estos cambiaron la historia para peor…

El hombre cambió automáticamente toda la versión, se hizo la víctima e incluso dijo que yo lo tenía amenazado y estaba armado (tengo arma, pero está con papeles al día), que incluso no podía dormir bien, y se puso a llorar…

Mientras tanto, yo iba en camino y todos mis hermanos me decían que no llegara porque la Policía afirmó que, apenas llegara, me iba a capturar (según por porte ilegal), lo cual es demasiado absurdo. El procedimiento que ellos ejecutaron fue malísimo y yo, que conozco un poco de ambos mundos, más rápido quería llegar para confrontarlos. La cuestión es que, cuando llegué, la Policía ya se había ido, pero aquel hombre seguía a la distancia, supuestamente temeroso de que yo le hiciera algo. Y sí… Se me pasó por la cabeza un montón de cosas. Mis hermanos me detuvieron.

Pensé en comenzar a golpearlo y no soltarlo, pero me hicieron reflexionar acerca de mi futuro, mis estudios, mi trabajo, etc., etc. Realmente quería acabar con él… Pero, una vez más, por mi bien, agaché la cabeza, recogí mis tres cosas y me fui.

Ahora estoy en casa de una hermana temporalmente, durmiendo de mala forma y comenzando desde cero.

Mi madre lo dijo claro: ya éramos mayores y debíamos coger caminos.

¡Ah! Me salté esa parte…

Cuando la Policía llegó a intervenir en el asunto, con mis hermanos, mi madre defendió a aquel hombre por encima de nuestra propia sangre.

Se lo dije en la cara… Qué decepción.

Fuera de insultarla, no paré de mirarla y decirle: «Qué decepción». Ya van dos veces que nos ponen a escoger y da prioridad a un hombre que no vale una puta moneda de cuero por encima de nosotros, sus hijos, los mismos que nos hemos manchado las manos en el camino…

Yo, precisamente, que casi termino en una cárcel o muerto porque, en el pasado, un hombre con el que vivía no paraba de golpearla. Cada fin de semana me tocaba verla deformada, hasta el punto en que exploté. Siendo tan solo un niño, busqué salir de ese maldito ciclo, por lo que me armé de valor e intenté acabar con su vida. Casi lo logro…

Pero el resto es historia (ya está escrito en el blog).

En sí, no sé cómo sentirme. De hecho, todos los hermanos nos miramos decepcionados y nos marchamos con algo en mente: dejar a mamá atrás y que haga con lo poco que le queda de vida lo que le dé la gana.

Es triste dejar atrás a un ser querido, pero fue su elección. Toca, sí o sí, olvidarla porque todos los problemas familiares han sido neta y exclusivamente su culpa. Jamás había conocido a alguien tan mediocre, poniendo en riesgo a todos por su miedo a quedarse sola…

Pues ahora ha perdido cuatro hijos y se queda con un hombre que, en cualquier momento, acaba con su miserable vida.

Y sé que estarán pensando algunos: – “¿Por qué mencionarla de forma despectiva? Es tu madre”.

Pues solo le agradezco los esfuerzos que hizo por llevarnos un plato de comida a casa en su momento y darnos el estudio, pero luego…

Así como la quiero, la odio, y tengo mis motivos.

Fue quien me arrebató la infancia. Fue quien hizo que ensuciara mis manos a temprana edad. Por culpa de ella conocí de cerca el filo de la muerte y, como si fuera una canción de Eskorbuto: «He visto morir, he visto morir

Y al asesino correr y al asesino escapar».

También presencié cosas que incluso hoy en día me da miedo y vergüenza pensar. Me atormentan.

En algún momento no paré de pedir al más allá: «Haz que todo esto termine».

El peor error fue haber nacido y dar con la familia que me tocó. Tristemente, es una realidad que ya nosotros, los hermanos, aceptamos.

Una hipérbole de malas situaciones.

Ahora tengo el corazón roto, la mente deshecha. Siento la traición como nunca antes…

Solo quiero cerrar los malditos ojos y despertar de esta horrible pesadilla llamada vida.

En fin, es una desgracia que no se la deseo a nadie y, sí… Sé que algunos pensarán muchas cosas, las cuales tienen todo el derecho de comentarlas. Al final, todo es público.

No escribo esto para dar lástima ni para que me entiendan. Es más bien un desahogo público…

Una constancia de mi realidad.

Imagen sacada de acá.

Lo que el viento se llevó

Y sí… Ese fue mi testimonio de mi yo del pasado. Siento que puede describir perfectamente todo lo que siento acerca de mi vida, que, de hecho, para poseer tanto dolor, no quedó tan crudo… Viejos artículos del pasado sí que eran demasiado vetables y, por eso mismo, yo mismo los cancelé.

La cuestión, tal y como se menciona en el título: «Lo peor de la traición es que nunca viene de un desconocido», es triste y bastante decepcionante, debido a que un desconocido puede perjudicarte, pero no necesariamente puede traicionarte, porque nunca le entregaste tu confianza, tus secretos, tu afecto o tu lealtad. En cambio, cuando la persona que te hiere es alguien cercano —un amigo, una pareja, un hermano, una madre—, el golpe tiene una segunda dimensión: no solo duele lo que hizo, también se rompe la imagen que tenías de esa persona.

No sé si se logra dimensionar el tamaño del bajón que poseo y qué significa todo esto. A pesar de tomar la decisión de dejar todo atrás —todo lo que tenga que ver con mi madre— por mi propio bien, sigo estando muy triste y decepcionado.

Me duele pensar, de hecho, ya lo estoy procesando, que a mi madre no le queda mucho. Su estado de salud nunca ha estado bien desde que estuve en el Ejército. Ha tenido evaluaciones debido a rastros (no sé cómo describirlo bien) de cáncer y, mentalmente, imagino que nunca ha estado al 100 %, porque, visto lo visto, con todas las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida, no creo que esté muy consciente.

Por lo que retomo, estoy procesando todo lo que eso conlleva. En el futuro puedo arrepentirme por no haberme despedido jamás, por no haber pasado tiempo valioso con ella y un largo etcétera. Lo sé porque he visto personas que han pasado por lo mismo y quedan con el cargo de conciencia para toda su vida, pues es eso lo que no quisiera que me pasara. Pero, aun así, lo estoy aceptando. ¿Y qué es eso? Absolutamente borrar toda memoria que quede de ella. Pase lo que pase, no pienso volver, no pienso jamás volver a tener contacto.

Todo este artículo posee palabras fuertes. De hecho, amigos cercanos con los que he dialogado sobre mi tema me han dicho lo duro y radical que puede ser, pero se van más por lo ético, sin tener esa vivencia que yo poseo. En mi caso, me ha hecho más daño que bien y, aunque todos puedan buscar una posición «neutral», opinan desde su zona de confort, con una familia conformada. En mi caso, la palabra «disfuncional» es pequeña.

Y claro, no me justifico ni busco redención, tampoco lástima (lo dejo claro siempre). Puede haber personas que jamás me entiendan y no les discutiré. Yo he sido esa persona que ha tratado de ser un «modelo» de vida, entregado casi el 100 % a mi labor, en donde, a pesar de todas mis condiciones, siempre llego a mi puesto de trabajo a entregar todo de mí. Algunos días con el corazón partido, con la mente vuelta un caos, con la autoestima por el suelo y quizás con el estómago a medias, porque no siempre se está a tiempo para preparar algo o no queda tan bien.

¡Ese es el punto! A pesar de todo, correspondo a todos con una sonrisa, con buena charla, con consejos cuando me los piden, con buen trato y demás. No actúo como un derrotado.

Efectivamente, me duele dar una vuelta por el parque y observar todo lo que me falta. Entre más carencias se tenga, la vida te resalta más las abundancias de los demás. Es hasta gracioso porque ya me pasó: salir a comerme un helado un fin de semana en X complejo deportivo, distrayendo la mente, y coincidentemente ese día asistieron todas las familias de la ciudad. Rápidamente se podría filtrar al pobre diablo en solitario.

¿Qué tan jodido tienes que estar para que esto suceda? No lo sé.

Si se pudiera cuantificar las cosas malas que he hecho, creo que no pasarían del 3-5 % y, aun así, la vida me trata como si fuera Charles Manson o Adolfo Hitler. Es, cuanto menos, curioso.

Pero bueno, en el momento solo imagino a Sísifo feliz. Lo recalco de nuevo: no me he rendido, pero, por si las moscas… Lo intenté.

Saludos a todos los que siguen este espacio. Espero poder escribir cosas de calidad y no esta basura sentimental. Ofrezco de antemano disculpas y un pañuelo para los sensibles.

Para quienes han hablado conmigo en persona o han tratado lo suficiente conmigo, saben que bromeo fuerte acerca de las desgracias y esta no va a ser la excepción.

¡Nos leemos! Si el universo quiere y, si no, con todo gusto lo aceptaré.

Aprovecho para enlazar mi poesía del 3 de Junio de 2023 que cortamente describe lo que siento.

Imagen sacada de acá.
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