Que la alternativa no sea peor que lo que reemplaza

Quien lleve tiempo leyéndome conoce que paso más tiempo en Internet que socializando con cualquier persona físicamente, y no, no es nada de orgullo; de hecho, hay carencias sociales, pero eso va para otro artículo de carácter filosófico. La cuestión es que me alegro cada vez que veo una nueva alternativa, y más si es de software libre. Constantemente estamos viendo grandes anuncios de software que buscan cubrir una necesidad o hacer frente a homólogos propietarios que llevan bastante tiempo de dominio y sin mejoras; esto claramente es motivo de orgullo… siempre y cuando se cumpla con lo que se promete.

En este humilde espacio he escrito en repetidas ocasiones sobre alternativas, ya sea de navegación, de mensajería, etc., que prometen demasiado y que, analizando en lo profundo, parecen haber cosas que hacen saltar las alarmas ante actitudes o comportamientos no esperados de algo que surge precisamente para ser mejor que su competencia. Es por ello que cuando escribo sobre algún tipo de programa, resalto que la decisión final es del usuario, quien debe tener criterio propio y, junto con la información que consumió, saber elegir si es algo bueno o no para su propio uso.

Y es acá donde me pongo bastante crítico y cansón acerca de las alternativas, debido a que la historia nos ha enviado un mensaje claro: ¡hay alternativas o cambios que no debieron de existir! O no merecer el espacio que se les brindó, ya sea por su carencia de calidad o, en su defecto, por su mal funcionamiento.

Lo curioso es que en redes sociales constantemente se ven recomendaciones de “geeks antiguos” a geeks no tan antiguos sobre qué “software es mejor”, y que quizás puedan tener una gran y bonita iniciativa, algo que les salga del corazón, como es el tema de darle visibilidad a diferentes proyectos. Pero si nos ponemos observadores, notamos que más que una recomendación de buena fe, es una condena para el usuario, quien cae en la buena promesa.

Imagen sacada de acá.

Algunos ejemplos

Acá es donde comenzamos a ver algunos ejemplos históricos. Y no hace falta buscar proyectos desconocidos: algunos de los casos más interesantes son precisamente aquellos que en su momento fueron presentados como el futuro. En 2011, GNOME 3 llegó para sustituir la experiencia clásica de GNOME 2 con un rediseño bastante radical: desaparecieron elementos a los que muchos usuarios estaban acostumbrados, como la barra de tareas tradicional y determinadas opciones de interacción. El resultado fue un rechazo importante que terminó impulsando proyectos como MATE y Cinnamon, que precisamente buscaban recuperar una experiencia más familiar. Algo parecido ocurrió con KDE Plasma 4, que tras reemplazar a KDE 3.5 pasó por una etapa bastante complicada de lentitud, inestabilidad y regresiones. En ambos casos encontramos algo que debería hacernos pensar: una evolución puede terminar generando alternativas destinadas a recuperar lo que la propia evolución eliminó.

Imagen sacada de acá.

También tenemos el caso de OpenOffice.org, cuya pérdida de ritmo y división de la comunidad terminó favoreciendo el nacimiento y crecimiento de LibreOffice, un fork que acabó convirtiéndose en la opción predominante para buena parte del ecosistema libre (Y ni decir lo que vino después con Onlyoffice). Ubuntu Unity siguió otro camino: Canonical apostó por su propio entorno para reemplazar GNOME 2, con la intención de crear una experiencia diferenciada y convergente entre dispositivos, pero las críticas y la falta de aceptación terminaron llevando a su abandono en 2017 y al regreso de GNOME. No deja de ser curioso que algunas de estas iniciativas nacieran precisamente con la intención de cambiar las reglas y terminaran siendo abandonadas cuando la realidad no coincidió con la visión inicial.

Y si salimos del mundo GNU/Linux perse software libre, Microsoft también tiene algunos ejemplos bastante conocidos. Windows Vista llegó para reemplazar a Windows XP, pero su consumo de recursos y problemas de compatibilidad hicieron que muchos usuarios prefirieran quedarse con el sistema anterior hasta la llegada de Windows 7. Windows 8 volvió a demostrar lo complicado que puede ser cambiar una experiencia consolidada: su interfaz Metro, pensada en buena medida para dispositivos táctiles, fue bastante incómoda para quienes utilizaban teclado y ratón, obligando a Microsoft a recuperar parte de la experiencia tradicional posteriormente. Internet Explorer tampoco consiguió recuperar el terreno perdido con IE7 e IE8 frente al crecimiento de Firefox y Chrome. En todos estos casos se repite una constante: ser el sucesor no significa estar preparado para sustituir aquello que existe.

Quizás los ejemplos más interesantes sean los relacionados con los teléfonos móviles. Windows Phone y Windows 10 Mobile tenían ideas atractivas y una integración bastante interesante con el ecosistema de Microsoft, pero terminaron chocando contra un problema difícil de solucionar: la falta de aplicaciones y usuarios. Firefox OS intentó algo todavía más ambicioso al plantear una alternativa abierta basada en tecnologías web, pero el rendimiento y la ausencia de un ecosistema sólido terminaron condenándolo. Nokia, por su parte, vivió una sucesión de intentos con Symbian, MeeGo y posteriormente Sailfish, demostrando que incluso teniendo tecnología, talento y buenas ideas no siempre es suficiente para competir contra plataformas que ya poseen una masa crítica enorme.

Y acá es donde creo que está el verdadero problema. Sería muy sencillo mirar todos estos casos y concluir que las alternativas son malas, pero eso sería tan absurdo como afirmar que todo software propietario es bueno simplemente porque consiguió imponerse. El problema no es que existan alternativas; el problema es que confundamos “alternativa” con “mejor opción”. Que un programa sea libre no significa automáticamente que sea bueno; que tenga una comunidad detrás tampoco lo convierte en infalible, y que prometa privacidad, descentralización o libertad no debería servir como salvoconducto para evitar las críticas.

Al final, quien termina pagando las consecuencias de una mala decisión es el usuario. Por eso creo que una alternativa debe ser evaluada por lo que realmente ofrece y no solamente por aquello que promete representar. Si es libre, excelente; si respeta nuestra privacidad, mejor todavía; si además funciona bien, entonces tenemos algo verdaderamente valioso. Pero si tenemos que defender un programa únicamente porque comparte nuestros ideales, quizá ya estamos dejando de ser usuarios críticos para convertirnos en fanáticos de una etiqueta.

Y precisamente por eso considero que criticar una alternativa no significa estar en contra de ella. A veces ocurre exactamente lo contrario. La crítica honesta puede ser una de las mejores formas de evitar que aquello que nació para reemplazar un problema termine convirtiéndose en uno nuevo.

Y sí… Firefox, te estoy viendo

El caso que quizás pueda sonar más para mí, en lo personal, es el de Firefox. En su momento, cuando comencé en la informática, me adentré en el proyecto y rápidamente me hice fan; me convertí en su usuario por sus ideas y finalidad: la de conectar al mundo sin imponer la basura de características que Chromium/Chrome cada vez añadía más y más. Al ser el predominante, cambiaba y aún lo hace, las reglas del juego para todos. Pero, a medida que fui creciendo, conocí otra realidad que me dejó un poco más escéptico, y es que durante esas fechas las controversias alrededor de Mozilla Firefox comenzaron a crecer como la espuma: que si eran financiados en gran porcentaje por la propia Google, que si tenían conexiones particulares dentro y fuera de la fundación, que si sus prioridades eran realmente las adecuadas y, la que más notamos, que le dieron más importancia a determinadas luchas sociales. Y antes de que me quemen: sí, están bien, pero para organizaciones que se centren específicamente en eso. Acá pasó que le dieron prioridad a una causa por encima del software y, para mí, ahí comenzó parte de su decadencia. Y el resultado fue la aparición de un montón de forks que vendrían después. Además, en la actualidad han querido recuperar la batuta, pero creo que ha sido algo tarde.

Imagen sacada de acá.

De hecho, eso fue lo que me inspiró a escribir este artículo: leer en alguna red social que Mozilla Firefox y todo lo que representa, en realidad, siempre fueron su propio enemigo. Tenían una buena causa que, por culpa de las malas decisiones, ahora los usuarios finales reconocemos solo como una base. Porque sí, de ese niño que creció creyendo en el proyecto queda poco. Desde hace muchos años pasé a una derivada llamada LibreWolf, que tiene por ahí su controversia, sí, pero que cubre lo que necesito: las mejoras en seguridad y privacidad las cumple al pie de la letra. Y claro, conocemos bien que sin la base no serían nada, pero es lo que hay. Quizás algún día vuelvan a ser buenos de nuevo.

Los LLMs o IAs siguen siendo las protagonistas

Ya han pasado varios años acaparando los titulares y parece que nunca dejaremos de hablar y escribir sobre ellas porque están por todos lados. Pero, para sorpresa de nadie, hoy vengo también a mencionarlas en un fragmento de este pastel, para señalar también a aquellas alternativas que se venden mejor que sus homólogas.

Para no extender demasiado este artículo, en la misma publicación en donde leía cuestiones acerca de Firefox, también leí algo referente a las IAs y cuáles eran “mejores”. En su mayoría, podría etiquetarlas como software basura, porque su finalidad es demasiado absurda: consumen y procesan más de lo que deberían para características que fácilmente puedes lograr con el software tradicional. El caso es que allí se recomendaban alternativas a ChatGPT, que, de hecho, es la misma que utilizo para realizar las correcciones ortográficas y gramaticales —lo he dicho siempre: para tener un mejor aspecto—, pero mis letras y pensamientos siguen siendo míos y es lo que plasmo acá. Aunque, con la última polémica, lo he dudado bastante, en donde han querido quitarle mérito a unos investigadores que precisamente trabajaban con su software Codex. Por lo que, hasta donde se sabe, OpenAI utiliza TODO. Suficiente no tenían con drenar todo Internet para entrenar su LLM, sino también con entrenar con las conversaciones de sus usuarios y luego etiquetarlas como suyas. ¡Son unos malditos! El caso es que han salido alternativas que pensaríamos que son buenas, pero… revisando en lo profundo, terminamos engañados.

Para resumir, se ha visto la recomendación de la IA de Proton, Lumo, la cual es insuficiente en características. Además de estar bastante limitada en contexto, también lo está en las respuestas que da; en su mayoría, “No puedo hablar sobre ello”.

Luego vemos a Claude, Gemini, Grok, Perplexity, etc.; todas ellas compitiendo por cuál es mejor, cada una con su fuerte: que si Claude en la programación, que si Gemini en la fotografía y documentación, que si Perplexity en la calidad de fuentes y contexto, y Grok con su libertad de expresión, además del uso de X como contexto. Pero, en lo profundo, en cuanto a políticas de privacidad y tratamiento de datos, siguen siendo casi como ChatGPT, pero con otro logo, otros colores y otras personas. ¡La máquina cambia, sus intereses no!

Los modelos chinos no se quedan atrás: Qwen, DeepSeek, etc. Lo mismo, pero bajo el control estatal chino.

Cuadro comparativo organizado en Excel con la información disponible, procesada en Google NotebookLLM

Llegado a este punto, no importa si es rojo o azul; la cuestión es que ambos procesan tu información y nunca habían obtenido tan fácil su trabajo como ahora, cuando cedemos nuestros datos de manera voluntaria.

Y ni me quiero imaginar la cantidad de honeypots que habrá… Quizás en lo superficial funcionen de manera innovadora, pero en lo profundo, como uno clásico, cambiando solamente su forma.

Para finalizar, la joya de la Corona.

EcoGPT

Acá procederé a colocar la descripción que da la propia IA de si misma:

“EcoGPT es una alternativa de asistente de IA más sostenible y transparente, creada por una public benefit corporation de Delaware (EcoGPT, Inc.), cuya finalidad es que el uso diario de inteligencia artificial tenga menor impacto ambiental sin sacrificar calidad, velocidad ni claridad: funciona con modelos open-source de mezcla de expertos (mixture-of-experts) que activan aproximadamente 10 veces menos parámetros que los modelos de los grandes proveedores, lo que reduce el consumo energético de cada interacción; su despliegue dedicado está alojado en la región europe-north1 de Google Cloud, en Hamina, Finlandia, donde Google reporta un 98% de energía libre de carbono en 2023 (https://cloud.google.com/blog/products/gcp/gcp-arrives-in-the-nordics-with-a-new-region-in-finland), con refrigeración por agua de mar del golfo de Finlandia y una instalación de recuperación de calor (https://datacenters.google/locations/hamina-finland/); además, a través de su socio de reforestación Trees for the Future (https://trees.org/sponsor/ecogpt/), ha financiado263.386 árboles, un total documentado en https://ecogpt.com/aboutque, siendo una contribución real de la empresa, no está auditado ni verificado por terceros de forma independiente, y que se suma a un modelo de impacto personal donde los usuarios acumulan árboles según su plan (1 por cada 200 chats en el plan gratuito y 1 por cada 100 en EcoGPT Pro)”.

Captura de pantalla del sitio https://ecogpt.com/

Suena todo muy bonito, ecologista, parece hasta color de rosa su realidad, pero… los detalles hacen que quieras salir corriendo. No parece ser mejor que ChatGPT; al contrario, parece empeorar, aunque tiene una gran ventaja por encima de ChatGPT: NO entrenar con tus conversaciones. Sí que comparte información con terceros, y no es poca. También utiliza identificadores que intentan anonimizar, pero que igualmente pueden identificarte. Es de EE. UU…. Ya saben lo que conlleva. Y otras características más que resumiré en un cuadro comparativo.

Cuadro comparativo organizado en Excel con la información disponible, procesada en Google NotebookLLM

Nota: el archivo con dichos cuadros en máxima calidad, se que al subir la imagen se pierde calidad (temas de procesamiento).

En resumen: Si tienes la oportunidad de evitarlas, hazlo.

Lo mejor es utilizar servicios que proxyfiquen el uso de estás IA, por ejemplo DuckduckgoIA, lo utilizo bastante para cuestiones simples en los que no quiero que los datos sean asignados a mi perfil.

En fin, si les gusto este artículo ¡comenten, quedo atento a cualquier aporte y/o corrección! Saludos.

No, gracias. Imagen sacada de acá.

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