Recapitulando – 2025

Hoy vengo a escribir sobre eso que no escribí a fin de año. Sí, un 11 de enero de 2026. ¿Por qué? Simple: realmente no tuve tiempo, ni siquiera para despedirme del 2025, o al menos no de una manera formal. Por ende, hoy quiero cerrar ese capítulo escribiendo sobre ello y, quizás, dejar un buen pronóstico para lo que se viene.

El 2025 fue un año complejo para mí. Intento manejarlo de forma neutral: ni muy positivo ni muy negativo. La imagen que se me viene a la cabeza es la de una montaña rusa, con subidas muy altas y unas cuantas caídas bruscas. Fue un año de grandes retos, aprendizajes, desazón y un poco de todo.
¿Por dónde comenzar? Haré una especie de progresión temática.

El amor

Sinceramente, esta es una de las partes más interesantes, decepcionantes, quizás vergonzosas y aún —en un 1 %— dolorosas. Fue el año en el que sentí la necesidad de conseguir finalmente a alguien, mi “media naranja”, como todo el mundo. Y sí, lo logré… parcialmente, pero lo logré.

Durante esos momentos todo fue muy feliz, pero dolió más de lo que se degustó. Y para colmo, no fue un solo amor, sino dos. Sí, dos.
Quienes sigan el blog desde hace tiempo sabrán por qué dediqué artículos completos a esa parte tan curiosa y poco razonable que es el amor. Primero fue T, luego L; ambas mujeres jóvenes del entorno laboral. Una con más proyección y personalidad que la otra, algo que alcancé a analizar muy poco (o creí haberlo hecho, pero lo ignoré).

De ahí que una solo fuera un momento… y la otra, difícil de explicar: la que aún me atormenta porque lo fue todo y nada al mismo tiempo.

Mi conclusión fue clara: mis sentimientos funcionan casi como una cebolla. Por protocolo de seguridad, a cada persona le asignaba una capa de confianza; la mayoría no pasaba de la superficie, por lo que nunca podrían afectarme. Pero mis “amores” pasaban directamente de la primera capa al núcleo, captando mi parte más débil.
Ahí entendí que había establecido mal dicho protocolo: me quité la armadura para ser apuñalado vilmente.

El trabajo

El 2025 fue un año en el que crecí laboralmente. Debo agradecer todas las oportunidades que me brindó, a pesar de las condiciones y de cómo terminaron algunas cosas. Nunca estuve ni una sola semana sin empleo, y eso fue lo más importante: sobreviví y aprendí.

Pude ascender dos veces. Soy afortunado de aprender rápido, de tener convicción y de perseguir incansablemente lo que quiero. Eso se nota. La gente con cargo y poder lo observa, y cuando surge una oportunidad, suelo estar entre los fichados.

Pero no todo sale como uno lo planea. Una de las grandes oportunidades de mi vida —quizás la más grande para llegar a ser lo que soy— la perdí por culpa del amor. No saber separar la vida personal de la laboral fue mi muerte en esa ocasión. Es algo que aún me recrimino.

Aun así, cuando creí que todo estaba perdido y que tendría que empezar desde cero, no fue así. Pude saltar a otro cargo, incluso uno más alto que el anterior. No fue una caída total.

Salud

El 2025 fue el año más cambiante para mi salud y mi físico. Pasé de ser “el flaco” a pesar casi 71 kg de pura masa muscular. Estaba bastante tocho. Bastaba interactuar con la gente para notar el respeto; entre mis amigos era el más fuerte y todo se sentía bien. Incluso robaba miradas.

Aunque me debatía en el amor, como ya mencioné, si hubiera querido habría tenido mejores oportunidades. De hecho, esas dos relaciones llegaron en parte por mi físico y mi intelecto.

Pero nada bueno dura para siempre. Las recaídas emocionales de esas relaciones me llevaron a una depresión profunda. Perdí todo: la masa muscular y el ánimo. Luego subí de peso, pero en grasa. Algo que aún hoy me frustra.

Amigos

Pasé de tener un amplio círculo social a hablar únicamente con tres personas, y a distancia. Me mudé y perdí muchos contactos. En este apartado, desmejoré por completo.

Familia

En este aspecto estoy profundamente agradecido, y se lo debo —paradójicamente— a uno de esos amores: T.
A pesar de lo mal que fue, logró algo importante: reparé los lazos familiares. Pasé casi todo el 2024 sin hablar con mi familia; vivía solo por circunstancias personales. Por ella decidí hacer las paces, y todo mejoró.

Volví a hablarles, a apoyarlos económicamente y a vivir con ellos. Eso trajo crecimiento conjunto. Era evidente que nos necesitábamos mutuamente. Vivía bien solo, sí, pero estaba solo; en un ambiente algo decadente, con una alimentación deficiente por desconocimiento y falta de tiempo.

Nada como el “hotel mamá”: todo es más reconfortante. Y qué mejor que compartir estos últimos años con mi madre, que ya está algo mayor.

Música y entretenimiento

Fue un año cargado de Ed Maverick, Kevin Kaarl, Cuco, Macario y sonidos similares. También volví al rock clásico y a la vieja escena del Black/Death Metal.
Disfruté varias bandas en vivo, pero una destacó por encima de todas: Napalm Death. La gocé como nunca. Ojalá este año se doble la apuesta.

Nota sobre la escritura

Haciendo cuentas por encima, en 2025 escribí aproximadamente 49 artículos, menos que en 2024, cuando fueron unos 70.
¿La diferencia? Estoy más conforme con el contenido: más filosófico, argumentativo, existencialista, poético y profesional. He mejorado la narrativa, aunque hubo más frenadas por desidia, sobrepensamiento, recaídas y falta de tiempo. Momentos muy estresantes en los que quería escribir, pero simplemente no salía nada.


En síntesis, a pesar de todo, fue un buen año. Reí muchas más veces de las que lloré. Y aunque pudiera, no lo haría demasiado: soy una máquina con pocos sentimientos visibles.

Disfruté cada etapa, y eso es lo importante. Recordar es vivir: cada persona importante, cada escalón laboral, todo es motivo de orgullo.
Eso sí, tengo un enfoque muy distinto para este año. Una expectativa clara: ser mejor que el anterior. Conseguir un buen empleo, estabilidad económica, buena salud (planeo volver a entrenar) y, quizás, el amor de mi vida.

Tengo metas a corto y largo plazo. A corto, las ya mencionadas; a largo, mejorar todo lo que esté a mi alcance. Sigo estudiando: ya obtuve mi técnico en seguridad integral —física y electrónica— y ahora voy de lleno con el desarrollo web, que espero culminar en 2027. Si todo sale bien, será otro escalón más en conocimiento… y ojalá también en lo laboral.


Para ir cerrando este “aburrido” artículo —aburrido porque sé que este tipo de escritos personales no interesan a muchos— dejo una reflexión. Es profundamente terapéutico escribir sobre la propia vida. Es como una tumba simbólica: entierras algo, cierras un ciclo y sigues adelante.

Esa es mi invitación: escriban.
Vivimos una época en la que la salud mental está en declive, y necesitamos con urgencia más actividades terapéuticas para reducir ansiedad, malos hábitos y conservar la mente —y la memoria— para lo que viene. Quizás nuestros últimos años como especie.

Estas palabras van, sobre todo, para mi generación: disfruten lo que hay. Tenemos fecha de caducidad. Y para las generaciones que vienen… quién sabe si alcanzarán a disfrutar lo que nosotros vivimos.

Por ende: ¡Feliz Navidad y Feliz Año!
A quienes no alcancé a felicitar en su momento, discúlpenme. Fue un año veloz. Tanto, que la celebración me tocó trabajando. Pero aquí seguimos, de pie, hasta que el cuerpo aguante.

Y que nunca se pierda la creencia de que aún es posible leer artículos casi 100 % sinceros, naturales, sin afectación artificial.

Gracias por todo.

Imagen sacada de acá.

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