Llevo algunos días de ausencia en el blog y de seguro sabrán el porqué, debido a que lo he descrito en diferentes artículos: básicamente, se trata de la división del tiempo entre el estudio y el trabajo. Pero algo que no había mencionado, al menos por acá —aunque sí por Mastodon—, fue el tema de que quería lanzar un libro digital.
(Acá es donde comienza una parte de ese desahogo).
Suelo tener pequeños impulsos acerca de diferentes proyectos. Muchos, en su mayoría, los comienzo, pero solo unos pocos terminan finalizados. Esto ocurre porque, a medida que los voy desarrollando, van careciendo de sentido.
En el caso de este libro, en su momento tenía mucha ilusión de hacerlo debido a que creo fielmente que mis letras deben perdurar más que mi propia existencia. Sé que va a llegar el día en que este blog y sus espejos (que mantengo yo mismo) dejarán de existir, sea por calamidad, sea por naturalidad, por lo que sea. Incluso puede llegar el día en que no pueda sostener el servicio. Es una posibilidad; por suerte, hasta el día de hoy puedo asumirlo sin problemas.
Por eso mi idea central es portar todo a un formato de consumo más accesible, con mejor legibilidad, que transmita un poco más de formalidad y, claro, que permita llevar el contenido a donde quieras y visualizarlo donde desees.
¿Y el problema?
Pues que, al momento de comenzar el libro, me fui enfrentando a diferentes obstáculos. El más grave era: ¿qué realmente debía portar? Y ¿cómo hacerlo sin saturar? Son preguntas que tienen cientos de vertientes. Hay formatos incompatibles o que pierden el sentido al ser trasladados a un libro digital, ya sea por la forma en que fueron escritos o por la tecnología web empleada.
Por esta misma razón hice la pregunta en Mastodon sobre cómo creían que sería mejor realizar dicha labor. Varias personas, a quienes agradezco mucho, hicieron aportes muy valiosos. Algunos sugirieron separar por categorías, otros por tomos según la especialidad y, por último, alguien propuso que, a partir de todo lo creado, realizara un escrito que uniera todas esas temáticas de forma continua, siguiendo, por así decirlo, una trilogía con coherencia.
Todo muy bien hasta que miras los 535 artículos publicados. No me alcanzaría la vida para realizar semejante actividad.
Lo que finalmente hice fue crear una hoja de cálculo donde colocaba todos los artículos y los separaba por categorías. Luego iba calificando, de forma algo aleatoria, su nivel de calidad (teniendo en cuenta que perdí todas las fechas de 2023 hacia abajo, por eso lo de aleatorio) y, a partir de ahí, fui construyendo una sucesión de temas que podrían resultar de interés general.
Me imagino, por ejemplo, a alguien abriendo el libro por primera vez y encontrándose con títulos como: «PGP para principiantes y expertos», «Cómo hacer un blog anónimo» o «La soledad y mil batallas». Algo así. Sí, mezclando un poco, pero realizando saltos temáticos cada tres o cuatro artículos para poder contener toda la variedad existente.
Hasta el momento había invertido bastante tiempo en él. No crean que esto es copiar y pegar. Por desgracia, los artículos antiguos —que fue por donde comencé— son los que más tiempo llevan en revisión, corrección y demás procesos. Para ese entonces todavía me faltaba mucho por mejorar y, además, entre migración y migración, sumado a las actualizaciones del blog actual, se fueron perdiendo algunas características estilísticas. Así que sí, lleva bastante trabajo.
La cuestión es que empecé a compartir el material para que fuera analizado por varias personas. Muchas de ellas me respondieron de forma positiva tanto respecto al contenido como a la presentación (aunque el diseño es modesto; no soy experto), pero me devolvían una pregunta inquietante:
«¿Merece la pena? Ya casi nadie lee».
Eso me hizo un clic interior porque es verdad. A duras penas espacios como el mío, en formato blog, son leídos por minorías. Ahora imaginen un libro.
Luego pensé: «Lo hecho, hecho está». Y, al final, para quienes lean el blog o se topen con él por casualidad, quizá les sirva de algo en algún momento. Incluso puede verse como un ejercicio de preservación de memoria.
Ahora sí cobra sentido lo que escribí al inicio. Este proyecto es uno de esos que fue perdiendo sentido a medida que lo fui desarrollando, aunque no puedo desecharlo por todo el tiempo invertido.
Pienso lanzarlo en unos días, comenzando con alrededor de 32 artículos (parecen pocos pero tiene gran extensión, mirare cuantos más integrar por cada tomo), que suman aproximadamente 245 páginas. Nada extraordinario, nada especial, sin generar demasiadas expectativas. Luego no falta quien espere un libro al estilo de ElRubiusOMG o cualquier otro youtuber. Aunque, a decir verdad, de los únicos que aplaudo completamente son los de Dross. Tengo dos y sabe muy bien lo que hace.
¿Precio? Ninguno.
El mayor valor del libro es la experiencia y el conocimiento generados a lo largo de tantos años. Pero ¿a costa de qué? Todo tiene un precio. En mi caso, haber vivido cosas no tan buenas que me han empujado a escribir medianamente bien.
Entonces ya saben. En algún momento podrán tener el formato digital de lo que es El Cuarto de GatoOscuro: lo mismo del blog, pero mejorado.
Llegado a este punto les lanzo una pregunta, y no es necesario que me la respondan (es opcional). Más que una pregunta, es una invitación a la reflexión:
¿Cómo es más valorado un trend de TikTok sobre cualquier estupidez que un escrito sincero, sea cual sea?
El texto te invita a pensar, a fortalecer tu pensamiento crítico. Puedes no estar de acuerdo con el autor, pero podrás hacer una síntesis del porqué. Además, creo que es donde menos prejuicios tienes sobre esa persona, porque conoces únicamente lo que ella te permite conocer.
Aunque bueno… de toda clase de personas hay.
Aún recuerdo varios tablones de anuncios de España donde decían que mis artículos parecían escritos por un niño de doce años. No estaban muy alejados de la realidad. Para esas fechas yo tenía quince o dieciséis años, más o menos.
El caso es que escribir es importante y solo quería desahogarme en este artículo sobre esos impulsos que, en ocasiones, genera pensar como escritor. Sobre cómo van surgiendo dudas o crisis existenciales en el camino que te hacen replantearte todo.
Además, parece sencillo, pero todo lo que hay detrás es especial, porque existe un proceso.
Con esto doy por finalizado el artículo.
Les doy las gracias a todos los visitantes de este blog por todos estos años; a quienes han comentado algo al respecto, ya sea de forma positiva o negativa. Todo es ganancia cuando se trata de recibir retroalimentación para mejorar y ser cada día mejor.
Es una fecha especial. Hace unos días renové el plan del blog, lo que significa que nuevamente tiene un año más de vida, hasta el 08/06/2027. Con esto sumaría ya once años escribiendo para el público y, con WordPress, creo que unos seis años. Son fechas que no se celebran todos los días, así que gracias.
Pueden volver a leer mi celebración del 1 de junio de 2022, que sigue muy vigente y refleja bastante bien lo que siento con cada año que pasa.
Saludos.


Don Gato, te puedo contar por mi experiencia, ya que pasé por el mismo proceso mental, aunque sea demasiado autorreferencial 🤪
Escribí dos libros de mi blog seleccionando artículos, uno con 100 y otro con 200, cada diez años un libro, creo que está bien 😁 He escrito tanto que en cantidad de palabras lleno 9 biblias.
Y no me importó si alguien lo iba a leer o no. Esto es clave, no importa si sólo una persona lo lee, esa persona vale la pena.
También escribí otros dos (uno sobre la Primera Guerra Mundial que iba a ser un post, pero me quedó largo 😋 y otro más reciente sobre muertes inusuales), escribir es nuestra forma de expresarnos.
¿Los va a leer alguien? Es irrelevante, lo importante es escribirlo, publicarlo, hacerlo. Es como plantar un árbol, algún día crecerá.
No pierdas demasiado tiempo organizándolo a tal punto de que nunca se publique, en algún momento hay que darle un corte y hacerlo. Lo más difícil fue dejar afuera, recortar, pero eso es parte del doloroso proceso de aprender a editar.
PS: termino de leer esto y veo que KNTRO me está mencionando, jajaja, sí, soy ese Fabio
iba a comentar el articulo, poniéndote de ejemplo Fabio, pero llegaste antes.
¡Hola, Gato! 😺
Muy interesante propuesta. Y lo digo con cierta experiencia previa, pero no como redactor, sino más bien como un mero lector.
Hace unos cuantos años compré un libro recopilatorio de un blog, una especie de “Best Of”. Se trata de «Fabio.com.ar: 10 años, un blog». Justamente, porque si bien está muy lindo el formato digital y disfruto leyendo artículos detrás de una pantalla, sigo perteneciendo a la vieja escuela, y también sé disfrutar de un buen libro físico entre manos y una buena lectura, acompañado por mi gato, por el cantar de las aves de fondo y por una buena bebida. Es un ritual; algo que la vida vertiginosa del ciberespacio no tolera.
Entonces, uno este comentario con tu pregunta:
Cambios de época, amigo. Allá lejos quedó ese concepto con el que nos presentaron Internet: poder visitar virtualmente el MALBA o el Museo del Oro desde la comodidad de un cibercafé o de nuestro propio hogar. Y esa curiosidad por leer y aprender convivió con nosotros hasta la explosión de los blogs personales. Cuando apareció la era de lo reducido pa’ q’ sea to’ + rápido (sí, estoy hablando de Twitter y los sucesivos microblogs), se dio a entender que la idea era leer publicaciones más cortas, pero leer mayor cantidad de mensajes. Eso, luego, se trasladó a otros formatos. Antes de TikTok estuvo Vine. Pero eran otras épocas. Todavía quedaban restos genuinos de interés en cultivarse de algún modo. Hoy, en cambio, creo que no solo ya no es «necesario» leer para saber algo (cambiaron las fuentes de información: Búsqueda web > Wikipedia > YouTube > IA), sino que además ahora se usan las redes sociales y plataformas similares para exponerse, para mostrar al mundo que se compró tal cosa, o se fue de vacaciones a tal lado, o que alguien logró sacarse una “selfie” con tal celebridad, o que estuvo presente en tal evento. Se trata de alimentar el ego, no tanto de saber y aprender, ni de contrastar un artículo de opinión o de empatizar en un escrito personal de otra persona, sino más bien de hablar de mí todo el tiempo. YOYOYO. Si encima hacerlo en una plataforma como TikTok da «popularidad», más ego aún, ya que se está compitiendo, en la misma plataforma, con «celebridades» que son famosas por ser, por ejemplo, artistas talentosos con años de trayectoria, mientras que yo soy alguien sin un talento destacado, más que subir videos que son reproducidos por miles de personas de muchos países. Y así.
Igualmente, creo que «”escrito sincero” en Internet» es un oxímoron. Al menos actualmente (hubo una lejanísima época en que los internautas solían escribir principalmente verdades).
Y, para finalizar, tampoco creo que una “trend” de TikTok sea más «valorada». Eso de «valorar» es algo estrictamente subjetivo. Limitémonos a decir que es, apenas, «popular» (o «muy popular», si querés). Pero, no siempre «popularidad» y «calidad» van de la mano. 😉 Diría que casi nunca. 😁
Un cordial saludo, escritor de hoja de papel. 📕
Gracias —qué comentario tan lúcido y generoso.
De verdad que me tiras una muy buena referencia, la de Fabio, no lo conocía y ahora que estoy visualizando su material se que me falto y que debería de mejorar (se siente uno menos a ciegas) aunque claro, observando con cuidado el tipo logró un resultado muy profesional (lo imaginaba más modesto) y es otro nivel, un pro para resumir… ya quisiera alcanzar ese nivel.
Comparto tu nostalgia por el ritual del libro físico… leer en papel suele permitir lecturas más largas, asociativas y reflexivas; el scroll, en cambio, privilegia la discontinuidad y la recompensa rápida.
Tu diagnóstico histórico es certero: cada salto tecnológico reconfigura qué consideramos valioso. Vine, Twitter y ahora TikTok no inventaron la búsqueda de audiencia ni la exhibición del yo, pero sí optimizaron la recompensa inmediata —me gusta, visualizaciones, shares— sobre la profundidad y la deliberación. Eso transforma sujetos, mercados y expectativas culturales: la métrica de éxito se vuelve cuantitativa y contagiosa, y la economía de la atención premia formatos breves, repetibles y altamente compartibles. Demasiado real.
Coincido también con tu puntualización terminológica: confundir popularidad con valoración es una falacia frecuente.
Por último, referente a tu mención final, creó en que muchas voces mantienen la autenticidad, pero la plataforma y la economía de visibilidad —y a menudo la profesionalización del rol del creador— tensan esa sinceridad. En otros términos: la posibilidad de lo sincero persiste, pero su forma y alcance se negocian con algoritmos y mercados de atención; sumo también las restricciones políticas (por no decir censura) jah, pero muy cierto.
Un abrazo cordial. Saludos desde la ciudad de la eterna primavera.