Estos días, mientras charlaba con un amigo, tuve una inspiración interior acerca del tema social. Fue una brevedad que iluminó mi mente por unos segundos después de que este me comentara que yo conocía muchas personas debido a que, durante el último evento de metal al que asistimos, saludé y me saludaron alrededor de cinco personas. Esto me hizo expresar algo que en realidad sentí, algo en lo que no había pensado tanto y fue: «Es curioso cómo, a medida que pasa el tiempo, conozco e interactúo con muchas personas, pero, paradójicamente, por cada persona que conozco, siento que pierdo el doble».
Después de finalizar el día, hice una introspección acerca de mi perfil social, el cual claramente no es muy amplio. Soy un geek, aficionado al software libre, la privacidad y la seguridad en línea. ¿Qué te puedes imaginar? No soy de amplios círculos sociales; de hecho, he probado más sol por cuestiones laborales que de forma voluntaria. Eso da una idea clara sobre mí. La cuestión en sí es que muchas de esas personas que llegan no se quedan, son vínculos temporales, y los que había desde hace años también han ido muriendo poco a poco ¿Por qué?
Las amistades también tienen fecha de caducidad
Uno de los vínculos cuya pérdida más me ha dolido ha sido el de esos que se mantuvieron durante años y en los que estaba en mi nivel máximo de confianza. Pero he entendido, a las muy malas, que la gente cambia. Uno creería que con la persona con la que prácticamente se crio, con la que estuvo en los momentos buenos y malos, conociendo prácticamente al completo la realidad de ambos, sin adornos, se pensaría que nunca habría ausencia de ninguno de los dos lados, pero no es así… Hay muchos factores que cambian a las personas y lo he detectado en cuanto a mi pequeño círculo de amigos de confianza, en donde afectan la familia, las relaciones amorosas, la distancia, el área laboral, etc. Hay personas que son fácilmente influenciables por cualquiera de esos factores; otros mantienen cierto nivel de estatus que en lo absoluto quieren perder, aunque no sea su realidad, y se autoengañan creyendo que pertenecen allí para siempre.
Quizás deba incluir ejemplos propios porque, entre tantas ideas, de seguro que quien me lea va a pensar que estoy loco o que no sé ni lo que siento.
Uno de esos casos ha sido el de quien era mi mejor amigo, con quien prácticamente me terminé de criar en la ciudad. Estudié parte de mi bachillerato junto a él, nos graduamos juntos, conocimos las partes interesantes y desagradables de la calle, nos enlistamos juntos en el Ejército, estuvimos durante un largo periodo reflexionando acerca de si eso era realmente lo que nos merecíamos o si debíamos buscar otros caminos.
Cuestión que así fue: volvimos a «casa», aunque ambos encontramos solo pedazos de eso tan anhelado llamado hogar. Al parecer, a él le afectó más que a mí; decayó en muchas conductas que parecía haber erradicado: el cigarrillo, el alcohol y otras cuestiones. Por mi lado, siento que lo apoyé lo suficiente, pero fui demasiado duro, quizás porque fue el método que a mí me sirvió para abrir los ojos (no aplica para todos). Entonces, imagino que ese fue mi castigo: la distancia. Claramente, él siguió teniendo una vida en decadencia, en donde, en ausencia de ese «hogar», abrió sus puertas a vínculos amorosos que rellenaban ese amor del que tanto le hacía falta. ¿Y el problema? Que ninguna de esas chicas era buena; todas le traían problemas y pérdidas. Lastimosamente, es muy difícil nadar con alguien que ni patadas de ahogado da, entonces uno se rinde. Eso lo toman como distancia y terminan apartándose hasta perder por completo el contacto y pasar a ser casi como un desconocido.
Por otro lado, también tuve amigos que hoy en día se hacen llamar «empresarios», de los que en algún momento conocí en las penurias y que hoy gozan de buena tranquilidad (y eso me alegra), aunque sus éxitos les han nublado la visión, olvidando casi por completo de dónde provienen y, con ello, lo que en algún momento fuimos… De esas personas con las que te topas o saludas por alguna red social de forma entusiasta para cuadrar alguna salida, para luego borrar esa sonrisa porque esa persona dice ya no reconocerte o, más feo aún, clavarte un «visto» (leer el mensaje y no responder).
Es muy real lo que he descrito, tanto que de seguro alguno coincidirá en que le ha sucedido algo similar porque siempre pasa, no importa si estás en China o en Argentina, sucede… Y más aún cuando las cifras lo respaldan, acerca de esa tendencia a quedarse solo. Nuestra especie es tan inteligente, puede crear máquinas que «piensen» por nosotros, pero no podemos tener una conversación 100 % sincera, salida del corazón, y coincidir.
El complicado mundo de los vínculos amorosos
Ahora bien, en cuanto a esa sección de vínculos amorosos, esta es la parte que es todo un fracaso (el cual es mi caso). No sé por qué en la actualidad todas las mujeres llegan esperando algo a cambio: dinero, estatus, belleza, etc. Todo demasiado superficial, y más cuando efectivamente uno no es tan agraciado, aunque, como he leído en algún lugar: «En los ojos correctos, uno es la persona ideal». En mi caso, he pasado toda mi vida siendo juzgado y, estando en la barra de «elección», siempre me ponen dentro de las cartas en donde soy comparado con otras alternativas, en donde, por alguna razón, termino perdiendo… La expresión de ellas es: «¿Qué tienes para ofrecer?». Pregunta que, entre más guapo sos, deja de ser visible. En mi caso… No es suficiente que podría hablar de casi cualquier tema sin quedarme casi sin ideas, que trabajo de forma incansable, sin importar si cumplo años, si es una fecha especial o no. Para mí, todos los días son lunes. Eso se traduce en estabilidad laboral, aunque pierdo en otros aspectos de libertad y carácter social (unas por otras). También está el hecho de que siempre estaré ahí, sin importar lo que me toque hacer o adónde me toque ir, siempre entregando más de lo que está a mi alcance, pero… Ya he escuchado expresiones como: «Si fueras más alto…», «Eres muy metódico», «No tienes tiempo», etc.
Y ahí es cuando me he vuelto muy blindado, tal y como le conté el caso de quien era mi mejor amigo. Yo no escribo esto para hacer creer que soy «mejor», no lo soy. De hecho, admito que tengo muchas carencias; una de esas es el tema social, amoroso, etc. En todo lo que tengo de vida desconozco qué son muchas de esas cosas que para la gente del común tienen como «normales»: pocas expresiones de afecto. Pero, aun así, gracias a la vida he aprendido a no ceder tan fácil o dejarme atrapar a pesar de que lo necesite… Es por ello que me he vuelto muy directo, tanto que ha generado algunas situaciones incómodas, pero de las que, pensándolo bien, son necesarias para evitar otras peores. Por ejemplo: este año tuve alrededor de 3 o 4 posibles personas en cuanto al ámbito amoroso, cuestión que no llegó a ningún lado por mi autodefensa. Uno ya ha vivido un poco para saber cuándo conviene y cuándo no. Además, de si realmente se debe hacer una inversión de tiempo/dinero en esa persona.
¿Cómo fue? En resumidas cuentas: una de ellas no sabía qué quería, unos días sí y otras veces no. Era un tire y afloje constante, entonces me cansé de intentar sumar puntos para que al final no ocurriera nada. Con otra pasó algo muy curioso: cuando todo estaba saliendo bien y, como nos conocíamos desde hacía bastante tiempo, sumaba puntos. Además, una vez casi ocurrió algo y no se dio por falta de mi impulso.
En esta ocasión pasó algo curioso: todas sus intenciones apuntaban a la acción, pero cuando llegó el momento me expresó: «La verdad, no estoy segura, creo que entendiste mal». Jajaja, cuando había mostrado todo lo contrario. Pero, de forma respetuosa, actué como si no hubiera ocurrido nada durante el resto de esa noche (para que no afirmen que me propasé) y posteriormente fui alejándome poco a poco… Gente que dice: «Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa». Realmente, las cosas deben ser por su nombre y hay que evitar enredos y vueltas al asunto sin sentido. Y, por último, una de ellas era de mi entorno laboral, pero todas mis alarmas se encendieron. Actuaba de forma muy sospechosa y en algún momento ya tuve un conflicto de intereses laboral debido a una relación, entonces mi sentido arácnido se encendió a tiempo y preferí huir, aunque algunos amigos que conocen todos los detalles afirman que realmente actué muy a la defensiva, que quizás sí podía haber sido algo bueno. ¿Y si no? Pues prefiero no arriesgar mi puesto.
Realmente me han pasado muchas cosas… En un solo año han ocurrido una cantidad de sucesos que hacen que mi cabeza se llene de ideas.
Cuando ni siquiera la familia es un refugio
Y ya por último, en cuanto a los vínculos familiares, quienes me hayan leído con regularidad saben que todo ahí ha ido a mal. Prácticamente solo tengo un vínculo, con una hermana; el resto se desvinculó por las malas decisiones tomadas por ellos (ya he escrito sobre ello). Pero hay algo que me duele bastante en esta sección y es que, de ese único vínculo que tengo, me he dado cuenta de que realmente no puedo contar con esa persona, a pesar de que me ha ayudado y estuvo en mi peor momento actual, brindándome su espacio en su casa (estuve un mes durmiendo en el sofá mientras encontraba casa). Sí que es cierto que todo el tiempo ha actuado por interés, todo el tiempo espera obtener algo a cambio y actúa conforme a eso. El resto del tiempo es petulante, perezosa y poco colaborativa… Eso me hace pensar: ¡realmente estoy jodido! Mi jodida familia realmente han sido mis haters.
Esto es un conjunto de ideas que me han dejado pensando durante un buen rato acerca de lo que ha ocurrido durante este año. Quizás pudo haber sido una lectura aburrida para más de uno, pero… En lo que a mí respecta, fue algo de inspiración natural y que me sirve de «liberación» de forma pública. Queda en el archivo de mis memorias; puede que algo bueno se rescate de acá.
¿Y la conclusión? Realmente no es nada alentadora. A medida que pasa el tiempo, más desconfío del humano, de sus intereses y de lo que trama en su interior, de lo que pueda llegar a hacer o no. Por ende, creo que seguiré cada vez más solo, sí, seré parte de la tendencia (por suerte no soy el único) hasta el final de mis días. ¿Y si hay oportunidad de cambiar eso? Colaboraría, pero, en cómo están las cosas, dudo mucho que eso ocurra. Actualmente tengo apenas 2 personas de extrema confianza y ese número parece nunca aumentar; de lo contrario, se redujo.
Al final del todo, cuando estoy en casa, con todas las cuentas pagas y los deberes hechos, me siento en total paz. Con poco o mucho de lo que poseo, me siento afortunado. Sé que hay personas en condiciones difíciles y lamentables, por ende, agradezco no estar peor y tener un grado de «libertad», que, a pesar de que nadie me espere, de que nadie se preocupe por mí, aún puedo ser totalmente independiente, logrando lo que me propongo.
En fin, a pocos días de que se pueda jugar el GTA 6, me he gastado todos mis ahorros en la consola y el juego. Espero que valga la pena, jaja; de seguro en el mundo virtual estaremos mejor que en esta presunta simulación… Nos leemos, chat.
Saludos.

