El silencio también envejece

Me animé a escribir esto durante esta noche, a pocos días de mi cumpleaños, con una serie de emociones encontradas. Realmente no sé a qué darle prioridad de todo lo que estoy sintiendo; eso sí… puedo destacar que la mayor parte de este sentimiento es nostalgia: por todo lo que fue y por lo que no llegó a ser. El tiempo ha ido demasiado rápido. Hay cosas que aún hoy sigo procesando y, aunque trato de no torturarme, un día como este termino haciendo una especie de recuento de todas esas situaciones complejas que me hacen pensar demasiado.

De cierta forma no quiero decirlo, pero lo admito… tengo miedo. Empiezo a subir otro escalón más de edad y siento que aún tengo mucho por organizar en mi vida. No tengo ese grado de independencia que quisiera, y eso me asusta. Lucho cada día por alcanzar cierta estabilidad, pero hay días en los que siento que me acerco demasiado y otros en los que simplemente veo cómo todo se aleja lentamente, sin poder hacer nada, como si fuera una ilusión mal construida de lo que pude obtener.

Estuve scrolleando por la red, buscando algo que me distrajera de lo que actualmente siento, y el algoritmo —como suele hacer— terminó mostrándome cosas que me dejaron vacío. Que me identifican, sí, pero es lo que soy: un cuerpo lleno de melancolía. Como la cita que me encontré a continuación:

“No me preguntes cómo estoy. Pregúntame cuántas veces he sido Sísifo esta semana (este mes, este año…)”.
—Autor desconocido.

Y sí… por más que intento darle sentido a mi modo, llega un punto en el que parece que todos mis esfuerzos han sido en vano. Es ahí donde me siento entre la espada y la pared, sin saber qué rumbo tomar o qué es realmente determinante para cerrar ciertos ciclos. Es raro… lo sé.

No escribo esto para quejarme de mi vida ni nada parecido. Simplemente estoy liberando algunos de esos pensamientos que cargo muy internamente y que, de alguna forma, necesitan ser expuestos. Tal vez así encontrar esa “paz” mental: entender que muchas cosas no son más que sensaciones, nada que pueda dañarme realmente. A veces quisiera ser como la gente del común, un poco más simple, menos obsesionado con resolver dudas a toda hora, más conforme con lo que entiende y con lo que posee. Esto no quiere decir que me crea “superior”; quizá solo alguien con un “don” o una maldición —según se mire— que lo mantiene demasiado despierto, demasiado crítico consigo mismo… tal vez hasta que esto termine.

Vi en la red una escena: un hombre a un costado de la habitación, en escala de grises, en total silencio, acompañado de un análisis similar a este. Bastó para teletransportarme a mi cuarto… el mismo al que llego y termino cada día.

Un hombre de pie en un espacio vacío, como si el mundo se hubiera reducido a paredes y sombra. La luz no lo abraza: lo atraviesa, lo divide, marcando una frontera entre lo que se muestra y lo que permanece oculto. Su quietud no es calma, es espera; no avanza porque quizá entiende que moverse no siempre significa escapar.

La escena habla del individuo frente a su propia conciencia: pequeño ante el espacio, pero imposible de borrar. La sombra no es ausencia de luz, es memoria; la luz no es esperanza, es juicio. Todo sugiere que existir es habitar ese punto incómodo donde uno se ve sin distracciones, sin ruido, sin máscaras. No hay acción y, aun así, ocurre algo profundo: el silencio se vuelve pregunta. ¿Estamos solos porque el mundo nos abandona, o porque al final siempre terminamos solos con nosotros mismos?

Volviendo al tema de mis cumpleaños… recientemente tuve que ir al optómetra. Sentía que mis gafas estaban mal y un examen médico laboral lo confirmó: la fórmula estaba mal hecha, un ojo forzaba más que el otro. Resultado: cambiar de gafas otra vez, y eso que las tenía desde hacía menos de cinco meses. Supongo que ahora todo el mundo prefiere cantidad antes que calidad; los exámenes quedan mal o a medias. Malditos.

Esto me dejó triste. Otro aumento de 0.25 en miopía para ambos ojos. Sigue avanzando. Aunque la doctora dice que, para mi edad, debería estabilizarse, no puedo evitar preocuparme. Siento que mis ojos se nublan apenas me canso de observar o incluso cuando me quito las gafas. Es una realidad incómoda.

¿Podrían existir cosas peores? No lo creo… aplicar hace dos semanas a una mejor empresa y que aún no haya respuesta; o que la persona que más me llamó la atención —amor a primera vista— me confirme que está feliz con su novio y que espera casarse. Parece una broma cruel. Sigo estando en el momento y lugar incorrecto. ¿Qué está tan mal conmigo? No lo sé. Intento convencerme de que he hecho todo lo que está a mi alcance por ser mejor, pero sigo sin sentirlo suficiente. ¿Será que estoy condenado a la mediocridad? ¿A pasar sin dejar rastro? ¿A que nadie me espere?

Hoy me siento triste. Como ayer. Tal vez como mañana. Los factores cambian, pero el resultado insiste. Y el silencio… también envejece.

Imagen generada con IA, en la descripción está en prompt utilizado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *