Nota: no incentivo el uso de ninguna droga; más bien, les cuento qué NO deben hacer en caso de que su curiosidad sea más fuerte que la razón. Aprendan de ello.
Escribo este artículo mientras espero que se termine el tiempo de pico y placa (me faltan dos horas), todo esto después de salir del trabajo… no recordaba que hoy era mi día de pico y placa, por lo más seguro es que también me haya cogido una cámara de venida, por lo que ya tengo una multa en proceso (aún no se ve reflejada). Un día loco, ¿verdad?

Bueno, toda esta locura comenzó el domingo, del que apenas me estoy recuperando y es que, junto a unos amigos (somos 3 en total), decidí hacer una compra de unas gomas de THC para experimentar sus efectos. Terminamos comprando 10 gomas; a cada quién le tocaba de a 3, cada una con una potencia de 20 mg de THC. Todo parecía “normal” dentro de la investigación que hice; se simplificaba todo ello a como si te fumaras dos cigarros de cannabis bien potentes. La cuestión en sí es que no teníamos fe en tal producto (eso nos jugó muy en contra).
Por obvias razones estuvimos buscando un lugar natural, con un poco de libertad, pero a última hora se nos cerraron las opciones, por lo que terminamos haciéndolo en un parque local seminatural y con una libertad moderada. Todo parecía estar muy bien; compramos mecato y bebidas para pasar el viaje (según lo que teníamos previsto) y comenzamos con una goma cada uno.
Primeros efectos
Acá comencé a sentir los sentidos más agudos. Era extrañamente relajante; palpaba la yerba dentro de mis manos y la sentía como nunca antes, los colores se volvieron más vivos. Además, sentía extrema coherencia con mis sentidos filosóficos, por lo que estuve hablándoles a mis amigos sobre filosofía por un buen rato. Para mí tenía demasiado sentido. Con el tiempo fui perdiendo la habilidad de conectar mis palabras con lo que pensaba, por lo que fue muy raro. Llegó el punto donde no paraba de reírme; incluso observaba a mis amigos cómo hablaban incoherencias y hacían gestos raros.
La escena del cura
En esta breve escena recuerdo a uno de mis amigos hablar sobre la paz, la tranquilidad y etcétera, etcétera. Pude ver cómo su atuendo cambiaba por algo más celestial mientras la luz lo iluminaba, pareciéndose casi a un JESÚS. ¡Fue de lo más extraño y gracioso!
Acá ya nos habíamos tomado dos gomas cada uno.
Sexo, vandalismo y observación
Acá empiezo a caer un poco más en la locura. Me acuerdo de estar viendo a mis amigos, señalando gente, hablando de cómo alguien a la distancia nos observaba y luego se escondían; ellos se reían con dicha escena, pero yo no les entendía, solo veía gente muy extraña actuando raro.
Yo observaba cómo la gente que se sentaba a nuestro lado terminaba yéndose; me daba la extraña sensación de que mientras nosotros creíamos estar “normales” y tranquilos, podíamos realmente estar convulsionando con la realidad alterada. Hablábamos sobre eso y nos reíamos.
Luego la escena fue cambiando. Escuchábamos cómo, por un pasaje que había (nosotros al otro lado de la pared de arbustos), hablaban cuestiones de su vida cotidiana, lo que era bastante gracioso para nosotros (no sé si realmente tenía demasiado sentido); la cuestión es que producía risa.
Posteriormente, todo se convirtió en una escena más erótica. De fondo escuchaba cómo una pareja charlaba; de la charla comenzaron los besos y las caricias, luego comenzaron a follar de forma frenética y podía escuchar cómo, a nuestro lado, esos gritos de emoción aumentaban cada vez más, de forma encendida. ¡Como si ambos quisieran exprimir su cuerpo a más no poder! Entre más frenesí, más se empeñaba la mujer en querer que aquel hombre o bestia le atravesara su clítoris con su gran miembro, porque los gritos eran una combinación de deseo y sadismo en todo su esplendor. ¡Sin límites!

De lo sensual al caos
Acá la escena se puso más tétrica. Podía sentir un aire de persecución constante; a como iba pasando el tiempo, crecía más mi paranoia. Veía cómo gente que se sentaba a nuestro lado, los de seguridad los hacían retirar. Dentro de mi cabeza imaginaba que estos les decían que nosotros éramos unos drogadictos peligrosos, por ende debían alejarse de nosotros.
De ahí veía cómo cada cierto tiempo pasaban los de seguridad por nuestro lado; se escuchaban radios y confirmaciones de estado, como si pidieran apoyo para atraparnos, pero nosotros no nos movíamos… de la nada un amigo dijo: “¡Ya vienen por nosotros!” Y sentí cómo a mis espaldas un grupo de hombres discutían y luego peleaban, justo al lado de nosotros. Se escuchaba tremenda violencia, pero yo decidí no voltear a ver y cruzaba los dedos para que no siguiera nuestro turno.
Llegado a este punto, el tiempo cogió sus maletas y se fue… cada vez que preguntaba la hora, me daban una cifra diferente y eso me irritaba.
Más allá de los impulsos
De un momento a otro sentí una necesidad de atacar a quien se cruzara y el tiempo fue corriendo hacia adelante y hacia atrás, cada rato bien cambiante. De fondo escuchaba voces narrando una especie de historia que iba de mal en peor, mientras yo corría y hacía locuras, golpeaba gente y hacía barbaridades, hasta que después de una larga persecución me agarraron 5 policías, quienes me encerraron en un calabozo. De ahí yo volvía en sí y me arrepentía de haber consumido, que gracias a ello había perdido el control y me había llevado a tal circunstancia, perdiéndolo todo.
Eso sinceramente me hizo tocar fondo… tenía demasiados sentimientos encontrados.
Finalmente empezamos a regresar en sí poco a poco. Comenzamos consumiendo a las 6 y terminamos tipo 10. Recuerdo haber estado aliviado porque todo lo que imaginé era mentira, aunque en este punto no reconocía qué era real y qué no. Tenía el cuerpo tan relajado que no podía controlarlo; sentía que en cualquier momento me iba a orinar o defecar. Sí, fue algo horrible esa parte.
Ya para esta parte tenía efectos medios, de derretimiento, de alteración leve de la realidad y básicamente los efectos del inicio.
No tan rápido
Antes de finalizar del todo los efectos, mis amigos comenzaron a retarse a ver quién completaba los 3. Yo les expresaba una y otra vez que no, aunque ellos vieran eso como debilidad. El caso es que mientras ellos se tomaban cada uno una mitad, yo les decía: “¿Verdad que yo no comí?” Y me decían que no. Mi mente lo interpretaba como una negación, pero el cuerpo tomaba iniciativa propia y automáticamente tomó la decisión de continuar porque sí. De allí tomó un trozo completo y se lo tragó… me estallaron los efectos de forma brutal; se me cortaba la respiración y podía sentir cada parte de la lengua y cómo tragaba, fue muy raro.
Con las horas todo se estabilizó; ya eran las 10 y teníamos que retornar a casa. De mis amigos solo uno seguía en el viaje y me preocupaba bastante porque lo veía caminando en el aire y hablando solo. Eso me asustó… de que no pudiera salir de allí y por eso cada rato lo zarandeaba y gritaba su nombre: “¡Volvé a la realidad!” Hasta que fue recuperando sentido poco a poco y comenzamos a caminar mientras todos nos veían raro. Llegando a una esquina, mi amigo vomitó pura espuma, luego recobró el sentido total y empezamos a dividirnos, cada quién para su casa.
Sin duda alguna, una experiencia que me deja mucho que pensar. No la repetiría en ese nivel de dosis y tampoco me atrevería con cosas más potentes; hasta el momento mi experiencia con el LSD, marihuana y ahora THC de tal forma, han sido suficientes para tener una idea de esos viajes sin recaer en ellos, todo desde el autocontrol y con una vista hacia la indagación y el empirismo, de saber qué se siente, qué se ve y qué se piensa. Eso sí… es mejor no asumir muchos riesgos y acá sé que fuimos un poco irresponsables por no hacerlo en un sitio controlado y con personas conscientes que pudieran supervisar nuestro estado.
Hasta acá solo puedo decir que me siento bien de haber salido de forma correcta de aquella pesadilla sin ninguna pérdida.
Y ojo, no incentivo el uso de ninguna droga; más bien, les cuento qué NO deben hacer en caso de que su curiosidad sea más fuerte que la razón. Aprendan de ello.
Gracias por leer.

