Siento como si cada noche intentaran borrar mi mente y así perder toda la información que conozco. Es como si conociera algo que ellos no quisieran que escribiera.
Las sensaciones que siento durante estos episodios son de cierta desconexión de la realidad y un hormigueo extremo. Siento cómo la visión se me comienza a nublar y como si una señal creara una interferencia entre mi alma y lo tangible. Es raro de explicar, pero tengo una batalla en la que empiezo a tratar de no quedar inconsciente mientras esa señal me absorbe; por momentos me voy, pero regreso.
Todo comienza en otra realidad donde llevo una vida un poco interesante, con tecnología más avanzada, donde puedo vivir durante cortos periodos y así disfrutar de cosas que en esta realidad no podría. No me pregunten mucho de allá porque, por desgracia, no se pueden migrar muchos conocimientos o experiencias. Lo que yo estoy plasmando es precisamente aquello por lo que me persiguen; no lo quieren y les molesta. Tampoco me pregunten cómo llegué allí, no lo sé. Una madrugada cualquiera sentí que me desconecté y terminé llevando la vida cyberpunk que alguna vez soñé.
La cuestión es que disfrutaba de muchos avances tecnológicos que en esta realidad aún siguen siendo una teoría o una invención que se mantiene en el terreno de la especulación. Allá vivía en una especie de cápsula ubicada en Brasil. Era algo así como un geek clásico, rodeado de gadgets que no recuerdo muy bien.
Más allá de la teletransportación, había una especie de capacidad para estar en muchos lugares al mismo tiempo, como si fuera una especie de holograma, pero con la diferencia de que podía interactuar totalmente con el entorno. Es raro…

La comunicación funcionaba como una especie de burbuja de chat (similar a las de las actuales redes sociales), pero en lugar de una aplicación móvil, todo sucedía dentro de la cabeza, donde toda esa gestión social era parte interna de uno mismo.
Muchas otras cosas extrañas vi, como la convergencia entre humanos y animales, compartiendo y entendiéndose dentro del mismo espacio habitable.
Lo más extraño era que nadie parecía sorprendido por nada. La tecnología había avanzado tanto que había dejado de ser un acontecimiento para convertirse en una extensión natural de la existencia. Nadie sacaba un dispositivo del bolsillo porque los dispositivos habían dejado de ser objetos externos; estaban integrados dentro del propio entorno. Nadie buscaba información porque esta simplemente aparecía cuando era necesaria.
La identidad tampoco era algo fijo. Las personas ya no estaban limitadas a una única presencia física. Podían mantener múltiples versiones de sí mismas distribuidas entre diferentes espacios físicos y virtuales, interactuando con el mundo de manera independiente. Era normal conversar con alguien que se encontraba a miles de kilómetros y, al mismo tiempo, compartir una mesa con otra de sus presencias. Para ellos no era una copia, ni una simulación; seguía siendo la misma persona experimentando diferentes momentos de su existencia.
La distancia había perdido gran parte de su significado. Durante siglos la humanidad había construido máquinas para acercarse entre sí, pero finalmente había creado una forma de estar presente sin necesidad de desplazarse. Lo que antes requería viajes, vehículos o largas esperas ahora ocurría simplemente con una conexión entre la mente y el entorno.
La privacidad también había cambiado de significado. Ya no consistía únicamente en ocultar información, sino en decidir qué fragmentos de la propia existencia podían ser compartidos. Algunas conversaciones eran intercambios completos de experiencias. Durante unos segundos podías comprender exactamente cómo se sentía otra persona al recordar una infancia, una pérdida o una alegría. Podías observar una emoción desde su propia perspectiva y luego dejarla ir, conservando apenas una sensación residual.
Las ciudades eran diferentes. Gran parte de la infraestructura permanecía oculta bajo capas de automatización y sistemas inteligentes que funcionaban sin intervención humana. Los espacios físicos ya no eran únicamente lugares necesarios para vivir, sino experiencias elegidas. Una habitación, un paisaje o una ciudad tenían valor no porque fueran la única forma de encontrarse, sino porque representaban una conexión directa con la realidad.
También había cambiado la relación con otras formas de vida. La convergencia entre humanos y animales había permitido una comprensión más profunda entre especies. Ya no se trataba simplemente de convivir con ellos, sino de compartir percepciones, emociones y formas de entender el mundo que antes parecían imposibles.
A veces me preguntaba si aquello seguía siendo una civilización humana o si era el resultado de una simbiosis entre la humanidad y sus propias creaciones. Era difícil distinguir dónde terminaba la máquina y dónde comenzaba la persona. Quizás esa era la razón por la que muchos ya no hablaban de tecnología. Para ellos era tan natural como respirar.
El tema es que fui asesinado por un grupo de insurgentes y yo mismo conocí parte de las investigaciones; al menos conozco una parte de lo ocurrido antes de perder la consciencia.
Eso ocurrió una noche. Era de madrugada. Recuerdo muy bien que una especie de dron sintético comenzó a rodear mi cápsula. Pudo entrar en ella y poco a poco se fue acercando a mí. Yo me quedé maravillado al verlo porque era más que un dron; se veía como si tuviera vida propia, algo así como una apariencia animal, aunque con comportamiento de máquina. Tenía el aspecto de un águila, quizás. Esta empezó obteniendo mi confianza, acercándose poco a poco y, cuando la ganó, tomó uno de mis brazos y fue paseándome por cada uno de los compartimientos de la cápsula.
De allí pasamos por los diferentes espacios: el dormitorio, luego la cocina y otros dos lugares que no recuerdo bien cuáles eran, hasta finalmente llegar a la sala de conocimiento, donde aguardaban todos los equipos y demás dispositivos (eran una especie de servidores centrales donde reposaba toda la información de mi existencia). Allí pidió que me “conectara”. Tenía que iniciar sesión en mis cuentas y fue entonces cuando tuvieron acceso a mi sistema. Luego, simplemente, dicho objeto explotó, acabando así con toda mi existencia.
Hubo muchos más pasos de por medio que pude conocer durante la investigación, pero no los recuerdo. Estoy tratando de recuperar esas escenas que, por alguna razón, siento que fueron eliminadas con éxito antes de despertar. Por suerte, conservé una muy pequeña parte de allá, lo suficiente como para hacerse una idea de lo que era.
Cuando desperté, lo hice con las sensaciones que describí al inicio. Pensé que habían fallado en su misión, pero veo que sí lograron afectar mis recuerdos.
Voy a intentar conectarme de nuevo.
Quizás todavía quede algo de mí allá.
O quizás el problema sea exactamente ese: que una parte de mí nunca regresó.


Me encantó este relato de ciencia ficción en un futuro distópico. Saludos
Me alegra de que te haya gustado, al principio dude en si publicarlo o no… porque podría sonar muy raro.
Saludos.