Signal es genial ¿Pero tienes un plan B?

Hay una fantasía muy cómoda que hemos repetido durante años: que la seguridad es una aplicación, que basta con instalarla, activarla y dormir tranquilos. Como si el mundo fuera estable. Como si el poder no aprendiera. Como si la historia no tuviera memoria.

Signal es, sin discusión honesta, una de las mejores herramientas de comunicación segura jamás creadas para el público general. No porque sea perfecta, sino porque ha sobrevivido donde otras han caído. Auditorías, presión política, intentos de desacreditación, millones de usuarios, una década entera sin un colapso criptográfico real. Eso no es marketing, es trayectoria.

Y aun así, confiarlo todo a Signal es un error estructural.

No porque Signal sea malo, sino porque ningún sistema centralizado merece ser el único latido de tus comunicaciones. La centralización no es un pecado moral; es una fragilidad técnica y política. Un punto único de fallo. Un botón tentador para cualquier Estado que descubra que el silencio también es una herramienta de gobierno.

No estamos hablando de paranoia futurista. Países enteros ya han bloqueado Signal o lo han intentado. Algunos países ya bloquean Signal: la opción de eludir la censura está activada por defecto en Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Catar, Irán, Cuba, Uzbekistán, Venezuela y Pakistán. Sin embargo, se sabe que otros países también bloquean Signal, como China y Rusia.

No por razones técnicas, sino por razones políticas: disidencia, organización, conversaciones que no pueden ser escuchadas. El patrón es viejo, predecible, casi aburrido. Primero se tolera. Luego se vigila. Finalmente, se apaga.

La pregunta nunca fue si Signal es seguro. La pregunta real es otra, mucho más incómoda: ¿qué pasa el día que no está?

Ahí es donde la mayoría falla. Porque el modelo de amenaza favorito del mundo moderno no es un adversario sofisticado, sino el usuario descuidado. Ningún cifrado puede salvarte de ti mismo. Ninguna app puede protegerte si compartes lo que no debes, con quien no debes, en el canal equivocado. Puedes tener el mejor protocolo del planeta y aun así arruinarlo todo con dos toques de pantalla.

El modelo de amenaza no empieza en el servidor. Empieza en el espejo.

La escena reciente de altos funcionarios hablando de bombardeos como si estuvieran organizando una cena dejó algo claro: incluso con Signal, incluso con cifrado extremo a extremo, incluso con auditorías, el factor humano sigue siendo el eslabón más débil. No porque sean malvados, sino porque son humanos. Y a veces, simplemente, idiotas funcionales.

Pero incluso haciendo todo bien —dispositivo limpio, autenticación fuerte, verificación de contactos, higiene digital— hay amenazas que no dependen de ti. Bloqueos a nivel ISP. Presión legal. Eliminación de apps de tiendas oficiales. Ataques indirectos. El día que Signal desaparece no será con sirenas, será con un error de conexión.

Y ese día, improvisar es perder.

Aquí es donde entra la palabra que casi nadie quiere pronunciar: contingencia.

Un plan de contingencia no es una traición a Signal. Es un acto de madurez técnica. Es aceptar que los sistemas caen, que los contextos cambian, que la infraestructura nunca es neutral. En operaciones críticas siempre hay respaldo. En comunicaciones, debería ser igual.

Delta Chat aparece aquí como una anomalía interesante. No intenta ser elegante ni revolucionaria. Hace algo mucho más subversivo: se camufla. Usa el correo electrónico como transporte interno, cifrado de extremo a extremo, sobre protocolos tan fundamentales que bloquearlos implicaría paralizar gobiernos, bancos y economías completas. No es invulnerable, pero es incómoda de censurar. Se adapta mejor a redes hostiles, a conexiones inestables, a escenarios donde todo lo demás falla.

No es perfecta. Deja más metadatos que Signal. Los grupos grandes son torpes. No tiene el brillo de Silicon Valley. Precisamente por eso funciona como respaldo. No busca ser el centro, busca sobrevivir.

SimpleX Chat juega otro juego. Radical hasta la incomodidad. Sin identidades persistentes, sin cuentas tradicionales, sin un “tú” fácil de señalar. Es comunicación sin rostro fijo, diseñada para confundir modelos de vigilancia basados en correlación. No es masiva, no es amable, pero es profundamente interesante cuando el problema no es el contenido, sino quién habla con quién.

Session, por su parte, apuesta por una red distribuida, sin números telefónicos, sin servidores centrales evidentes. Su fortaleza está en la descentralización; su riesgo, en depender de una infraestructura comunitaria que debe mantenerse viva y honesta. No es una bala de plata, pero sí una alternativa real cuando el centro se convierte en objetivo.

Ninguna de estas reemplaza a Signal. Esa no es la idea. La idea es que existan antes de que las necesites. Que tus contactos ya estén ahí. Que los códigos ya estén escaneados. Que el canal alterno no dependa de Signal para coordinarse, porque entonces deja de ser alterno.

La mayoría comete el mismo error: pensar que el plan B se puede activar después. No se puede. Si no sembraste antes, no cosechas durante el apagón.

Hay algo profundamente cyberpunk en todo esto. No en el sentido estético barato de neones y lluvia, sino en el sentido original: sistemas gigantes, opacos, vigilantes, y pequeños grupos de humanos tratando de mantener líneas de comunicación abiertas en los márgenes. No para conspirar, sino para existir sin permiso.

La seguridad perfecta no existe. Nunca existió. Lo único que existe es la capacidad de adaptarse cuando el entorno se vuelve hostil. Signal es, hoy, la mejor opción general. Mañana, tal vez no esté. Y cuando eso pase, el silencio no será un accidente técnico: será una decisión política.

La pregunta final no es qué aplicación usas hoy. La pregunta es si, cuando intenten callarte, todavía tendrás cómo hablar.

Porque cuando el silencio se vuelve protocolo, comunicarse deja de ser comodidad y se convierte en resistencia.

Artículo inspirado en: What Should We Do if Signal Messenger Gets Blocked?

Gracias por leer, quedo atento a cualquier corrección y/o aporte; saludos.

Imagen sacada de acá.

1 comentario en «Signal es genial ¿Pero tienes un plan B?»

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