Hace una semana compartí por Mastodon una información bastante interesante: en donde un usuario de la red había conectado por error su aplicación de bloqueo de anuncios y rastreadores (Pi-hole) a su televisor en lugar de a su router, como originalmente pensaba hacer. Sin embargo, aquel error terminó descubriendo algo que muchos ya rumoreábamos en los extensos hilos sobre privacidad y anonimato en Internet, pero para lo que aún no teníamos suficientes pruebas que lo confirmaran: aparecieron más de diez direcciones simultáneas compartiendo información de manera constante.

Lastimosamente, no conservo la fuente original para enlazarla en este artículo (el problema de las publicaciones efímeras), por lo que, de momento, solo anexaré la captura de pantalla. En cuanto encuentre al autor, añadiré los respectivos créditos y el enlace correspondiente.
La cuestión es que, cuando piensas en comprarte un televisor, jamás se te pasa por la cabeza este tipo de situaciones. Siempre estás debatiéndote acerca de su resolución, calidad de imagen, precio o tamaño, pero nunca piensas que podrías estar llevando a casa un dispositivo con ojos y oídos adicionales, tomando nota de cada una de las cosas que haces y del contenido que consumes para retroalimentar a la compañía acerca de tu experiencia de uso y, de ese modo, mejorar sus productos… Todo un sueño orwelliano.
Fue precisamente eso lo que me llevó a investigar más a fondo sobre la vigilancia pasiva ejercida por uno de los electrodomésticos más importantes de nuestros hogares. Tenemos al menos uno —y, en muchos casos, uno de alta tecnología en cada habitación o en la sala—, así que quise averiguar a qué nos enfrentamos realmente, qué tan común es esta práctica, cuáles son sus implicaciones y hasta qué punto forma parte de nuestra vida cotidiana.
Cuando el televisor deja de ser una pantalla y se convierte en un observador
Esta vigilancia no es accidental; tiene un nombre técnico: Reconocimiento Automático de Contenidos (ACR). Esta tecnología actúa como un “Shazam visual”, analizando fragmentos de audio o capturas de pantalla para identificar exactamente qué estás viendo en tiempo real, ya sea un programa en vivo, contenido de streaming o incluso videojuegos. Lo más inquietante es que este rastreo no se limita a las aplicaciones internas; investigaciones de la Universidad Carlos III de Madrid han confirmado que las Smart TVs recopilan y envían estos datos incluso cuando el televisor se utiliza simplemente como monitor externo a través de una conexión HDMI.
La intensidad de este monitoreo es constante. Mientras que los televisores Samsung suelen enviar datos a sus servidores cada minuto, se ha documentado que los dispositivos LG lo hacen cada 15 segundos, y en modelos más recientes como el LG OLED C4, el envío de metadatos puede ocurrir cada 7 segundos. Esta recopilación masiva no es solo para “mejorar la experiencia”; alimenta un mercado global de datos de Smart TV que se estima moverá unos 4.500 millones de dólares en 2026.
Sin embargo, el “sueño orwelliano” se profundiza al descubrir que tu televisor no solo observa, sino que también sirve como una herramienta para terceros. Actualmente, las Smart TVs son consideradas nodos en la economía del raspado (scraping) de datos para IA. A través de SDKs (kits de desarrollo de software) como el de Bright Data, presentes en diversas aplicaciones, tu televisor puede convertirse en un proxy residencial. Esto permite que empresas externas utilicen tu dirección IP y tu conexión a internet para descargar datos públicos de la web con el fin de entrenar modelos de IA, aprovechando que el televisor está siempre conectado, tiene ancho de banda ilimitado y suele estar desatendido.

Las implicaciones de seguridad y privacidad son severas y han generado alertas incluso de agencias como el FBI. Algunos de los riesgos y realidades documentados incluyen:
- Escucha de conversaciones: Samsung ha admitido en sus políticas de privacidad que los comandos de voz pueden capturar palabras privadas o sensibles y transmitirlas a “terceras partes” para mejorar el reconocimiento de voz.
- Acceso remoto: Los ciberdelincuentes pueden aprovechar vulnerabilidades para activar cámaras y micrófonos de forma remota, grabando la intimidad del hogar sin que el usuario lo note.
- Puerta de entrada a la red: Un televisor comprometido puede ser utilizado por piratas informáticos para infiltrarse en otros dispositivos conectados a la misma red WiFi, como teléfonos móviles y computadoras.
- Señales de alerta: El rendimiento inusualmente lento, cambios inesperados en la configuración de privacidad o la aparición de anuncios que no coinciden con tus intereses son indicios de que el dispositivo podría estar siendo explotado por terceros.

Afortunadamente, este flujo de datos puede mitigarse. La mayoría de los fabricantes permiten desactivar el ACR y los servicios de información de visualización en los menús de privacidad, una acción que suele tomar apenas un par de minutos y no afecta las funciones principales del televisor, como el uso de aplicaciones de streaming. Aun así, la transparencia sigue siendo el eslabón más débil, ya que estas opciones suelen venir activadas por defecto y enterradas en contratos de “letra pequeña” que pocos usuarios llegan a leer.
Después de leer todo lo anteriormente descrito, mi pregunta es: ¿qué tanto confías en la tecnología que te rodea? Incluso dentro de casa no estamos a salvo (si queremos conservar nuestra privacidad y/o anonimato), debido a que todo aparato tecnológico que sea mínimamente inteligente será potencialmente comprometido. Naturalmente, esto aplica para quienes poseen asistentes inteligentes, televisores inteligentes, neveras, lavadoras inteligentes y otras tantas cosas; están completamente jodidos (también lo estoy, en parte). Por ende, se busca con esta clase de artículos generar conciencia y un poco de alerta sobre lo que nos rodea.
No es para que automáticamente te conviertas en un odiador de la tecnología inteligente, sino más bien para que seas consciente de los riesgos que decides asumir. Además, para saber hasta dónde se pueden mitigar tales desperfectos y cómo siempre… gracias por leer. Quedo atento a cualquier aporte y/o corrección.
Saludos.

