Orinar vigilado: la indignidad normalizada de las pruebas de SPA

Primero que nada, le explicaré qué son las pruebas de detección de SPA. Corresponden a pruebas de sustancias psicoactivas. Traté de buscar algún título llamativo, pero realmente no amarillista, y pues, lo más serio que se me pudo venir a la cabeza fue ese… el tema es que han sido unos días muy largos, demasiado, creería yo.

Es extraño cómo siempre enero parece ser un mes eterno. Pues, en mi caso —y fiel a mi pronóstico de este año y a las metas para este 2026—, una de ellas es conseguir un buen empleo con un equilibrio entre la parte económica y el bienestar. Y pues, ahora estoy en ello. ¿Por qué de nuevo? Porque realmente, al inicio de todo, las cosas te las pintan muy bonito, todo parece alineado con tus intereses, pero al final termina siendo todo lo contrario.

La cuestión de mi labor actual, y por la que atravesamos cientos de trabajadores —más aún en mi sector, la seguridad privada— en Colombia, es algo complejo. De hecho, quisiera escribir un artículo independiente sobre ello. El tema preciso es que el gobierno, gracias a los impulsos del presidente Gustavo Petro (y sus afines: grupos sindicales, Ministerio del Trabajo, etc.), ha querido establecer condiciones laborales más humanas para todos los trabajadores, con salarios dignos y con el cumplimiento del número de horas semanales según la normativa vigente.

Y pues, en dicho sector, esos temas siempre parecen estar en conflicto: si obtienes un salario digno, pierdes condiciones laborales; y si sucede lo contrario… también. Por lo que la situación actual se resume en:

  1. Empresas del sector privado buscando cómo, legalmente, pueden omitir o aplazar la normativa vigente (llenándose de cláusulas legales, y demás).
  2. Las mismas empresas del sector privado obligando, de cierta forma, a sus trabajadores a aceptar las condiciones que “ellos pueden brindar”, rechazando “voluntariamente” lo que debería ser por ley.
  3. Éxodo de trabajadores: gente saltando de lado a lado, buscando la empresa que esté más al día con la normativa vigente para estabilizar su vida.

Y es paradójico… ¿Por qué hay tanta negativa y tanta lucha, incluso en la actualidad, frente a buenas condiciones laborales? Es algo que ya debería establecerse por defecto, y no estar en pleno 2026 luchando para que se respete lo que es. Triste sociedad. Es lo que es.

El caso es que yo también estoy en ese éxodo, porque actualmente lo que me gano entró en una devaluación total. Mi empresa ni siquiera en 2025 pagaba lo que correspondía; menos ahora. Y por lo que veo, no van a poder adaptarse.

Por lo tanto, si en 2025 una persona de mi mismo cargo ganaba aproximadamente un 48,15 % más que yo, no quiero ahora hacer el cálculo de en cuánto estará esa cifra actualmente. En efecto, he reflexionado y prefiero comenzar desde cero antes que tener que seguir regalando mi trabajo.

Fueron varias noches de reflexión y, pues, a pesar de que pensé que al fin había encontrado “un buen lugar”, realmente me autoconvencí de ello por ciertas características que encontré en este sitio y que no vi en ningún otro. Pero realmente es un engaño: es un efecto placebo que finalmente detecté. Se resume así: al primer momento te hacen sentir especial, incluso desde el “uniforme”, que parece algo muy diferente, más administrativo que operativo. El trato del grupo jerárquico cambia, te sientes parte de esa pirámide… pero realmente es solo una ilusión, porque incluso tus subalternos ganan más que tú.

Son espejismos que, tarde o temprano, uno termina descubriendo. Este es mi caso.

Acá es cuando entran las pruebas de detección de SPA. Hice proceso con otra empresa y, pues, dentro de los requisitos estaba una de esas pruebas, precisamente la de orina. Y créanme que no he visto peor prueba que esa. Es de lo más indigno que se pueda imaginar. Y sí, ya la he hecho dos veces, y en ambas me he arrepentido toda mi vida de tener que pasar por tal cosa.

Voy a comentarles cómo fue mi último caso.

Ser yo, levantarme tipo 4:00 a. m. para alistarme —justo en mi día de descanso— para realizarme unas pruebas médicas a las 6:00 a. m. (por ende, me toca ir con tiempo, ya que vivo lejos). Iniciar el día en ayunas, porque no puedo consumir nada más que agua.

Llegar al lugar, verlo todo un poco vacío, y pensar:
—¡Genial! Esto va a ser rápido.

Pero no. Realmente no es así.

Las horas avanzan y ves cómo comienza a ingresar más y más gente. Tu proceso va leeentamente, un paso a la vez: prueba de oídos, bien; prueba física, bien; otros 20 minutos… y posterior prueba de orina.

¿Qué? ¿Tan rápido ya?

Imagínense una calavera en ese momento.

Llega la doctora rápidamente con una caja llena de recipientes transparentes y empieza a llamar gente. Dentro de esos llamados estoy yo. Me acerco y me pregunta:
—¿Estás listo?
—Sí… estoy listo.

Nos dirigimos al baño y acá es cuando llega la peor parte, la más incómoda: tengo que sacar mi miembro, bajo supervisión, y orinar dentro del recipiente. Cero privacidad.

¿Saben qué es peor? Que no salga el maldito líquido.

Cinco segundos. Diez segundos. Nada.

La doctora comienza a hacer caras.
—¿Ya, señor?
—Nada, doctora.

Te das cuenta de que no pudiste. Te guardas el miembro y a esperar. Nuevamente hacer este proceso —en mi caso— durante dos ocasiones más, sin éxito alguno.

De allí procedo a beber agua como un loco. Me compro tres botellas. Todos me miran raro porque estoy bebiendo de forma enérgica. Ya eran las 8:20 a. m. y mi entrevista era a las 9:00 a. m., por lo que, si no pasaba esta prueba rápidamente, iba a llegar tarde a la entrevista y quedar muy mal.

Después de eso siento que, al fin, voy a poder hacerlo con tranquilidad. De ahí veo que la doctora nuevamente se acerca con los recipientes y empieza a llamar gente. Para mi sorpresa, llama casi diez personas y mi nombre por ningún lado.

Ahora sí sentía que iba a reventar.

La miro y pregunto:
—Doctora, ¿y yo?
—Hmm… ya te llamé en la anterior. Debes esperar.

A lo que replico:
—Doctora, no es momento. Ya realmente estoy que me hago.

Fue patético, lo sé.

Finalmente llega la doctora. Al fin me encierro con ella en el baño. Lo saco y comienzo… cinco segundos y voilà. Te sientes el rey del universo. Al fin. Me daba como para llenar tres garrafas, jajaja.

El caso es que con una mano sostenía y con la otra iba cerrando el frasco. Se lo entregué a medio cerrar a la doctora porque llevaba prisa. Ella dijo que lo pasaba así. Eso sí, yo pensaba: ojo, lo riegas, que luego para llenarlo va a ser el bendito problema, jajaja.

En fin, salí de allí de forma excelente y cumplí mi objetivo: asistir a la entrevista justo a tiempo.

¿Y ya? ¿Finaliza este artículo? Aún no.

¿Ya les dije que odio esta prueba? Pues se los confirmo. Soy tímido y odio mear frente a alguien. El caso es que empecé a investigar por qué no se hacen estas pruebas solo por sangre, y el resultado es absurdo.

Se puede por sangre, cabello, sudor, aliento y saliva, pero la que gana por encima de todas es la orina. No porque tenga mejores resultados, sino por su precio y tratamiento. En otras, como la sangre, se necesita mayor especialización, tratamiento especial para su traslado, etc. En cambio, con la orina todo es más básico.

Esa es la conclusión. Pero sinceramente espero que algún día esta prueba sea descartada.

Es una basura.

Imagen creada con IA, dándole un prompt potente de lo que quería transmitir en el artículo.

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