Reflexiones de un alma atormentada | Un relato de culpa y desesperación

Mi mamá decía: “¿Cómo es posible que, tú siendo escéptico y no creyente en tantas cosas, puedas creer en el amor?” Sin duda alguna, una muy buena pregunta a la que quizás pueda dar una buena respuesta, le respondía; sinceramente creo que el mundo se puede mover por amor. Generalmente, las personas dan sentido a sus vidas fijando algunas metas/planes, ideas políticas, religión, más propiamente un “Dios”, pero ¿Qué pasa cuando uno no cree en nada de eso? Automáticamente su vida pierde todo el sentido del mundo. ¿Para qué continuar? En mi caso, es por ello que creo en el amor, que a pesar de todo lo malo que me ha ocurrido, aún tengo la esperanza de encontrar a alguien que coincida conmigo en todos los sentidos, alguien que me ayude a escapar de la locura y ambos podamos ser felices.

La historia se repite de nuevo

En mi blog pueden ver una serie de publicaciones cronológicamente de aspecto un tanto más personal, artículos que nacieron en mis noches de enojo, madrugadas de llanto y días de angustia, respecto al golpe tan contundente que me generó una mujer que en su momento creí mi “alma” gemela, pero que realmente terminó siendo todo lo contrario, llevándome por poco al abismo. Todo está muy bien documentado en cómo sucedieron las cosas, qué ocurrió antes/durante/después para todos aquellos a quienes les encanta leer acerca del romanticismo con mezcla de fatalismo. El caso es que este artículo no tiene nada que ver con esa chica, realmente ella pasó a ser cosa del pasado y después de tanto la terminé superando, pero ¿a costa de qué? Es aquí cuando la historia se repite de cierta forma.

Imagen sacada de acá.

Todo ocurrió hace un mes aproximadamente, cuando decidí emprender un viaje junto a mi confidente de trabajo, la misma chica que en su momento fue quien me abrió los ojos mostrándome con pruebas las farsas y acusaciones que había hecho mi ex para arruinarme la vida. Gracias a ella me di cuenta de que todo ese tiempo había fingido estar “bien” conmigo cuando en realidad solo estaba manipulando las situaciones aprovechándose del nivel de privilegio que había adquirido.

Este tipo de muestra de lealtad fue lo que finalmente me convenció de que esta chica era la indicada. Aunque había un pequeño problema, hacía un año le había expresado vía chat que sentía algo por ella y fue entonces cuando ella confesó gustarle las mujeres, lo cual me dejó un sabor amargo, aunque las cosas continuaron como si nada. ¿Por qué pensaría que después de un año no me diría lo mismo? No lo sé… o bueno, les daré la respuesta más adelante. En ese momento sentía que ambos nos correspondíamos bastante, se percibía una química 10/10 durante todo el viaje, sentía más y más conexión, lo que me llevó a arriesgarlo todo. En el regreso, lo pensé una y otra vez: ¿realmente quiero dañar una amistad por querer tener algo con ella? Aprendí después de malas experiencias que si no expresas lo que sientes, vivirás con arrepentimiento toda la vida.

Puse en práctica todos esos pensamientos y durante una parada le confesé todo lo que sentía por ella. Además de querer un beso, ella expresó al principio no estar segura de hacerlo, de cierta forma no quererlo porque ya estaba charlando con otra chica en ese momento. Sin embargo, lo que ambos sentíamos era más fuerte que cualquier otra cosa, por lo que terminamos besándonos. En ese momento creí haber podido agarrar el mundo con mis manos. Durante todo el camino, a pesar de la lluvia, la oscuridad y el frío, la acariciaba todo el tiempo y en cada parada aprovechaba para expresarle aún más mi amor, independientemente de su forma de ser, que no era tan delicada. Durante esos momentos, parecía ser una mujer hetero en toda regla, pude ver cómo esa sensualidad natural volvía a su ser y cómo dejaba de ser algo “ruda” para cambiar a un modo tierno que amé durante todo el tiempo.

Hubo muchos diálogos de por medio, pero uno de los más importantes que tuvimos fue el por qué me había rechazado en su momento. Me respondió que realmente fui muy cobarde en no haber insistido. Además, las probabilidades de aceptar eran bajas debido a que tenía pareja en ese entonces, por lo que su fidelidad era difícil de comprometer. Esto me llevó a una tremenda reflexión en cuestión de segundos… ¡vale la pena arriesgarse!

Del cielo al infierno

Las semanas pasaban y todo ocurría tan bonitamente, yo creí haber atrapado al fin, después de tanto, “la felicidad”. Me sentía invencible, respiraba un aire nuevo para ir a trabajar y cumplir con todas las metas. Finalmente tenía una pareja que valía la pena. Rápidamente la presenté a mi familia, le expuse metas que tenía a corto y largo plazo con ella, lo cual considero ahora un grave error. La abrumé demasiado con toda la información que le proporcioné acerca de lo que había planificado en pareja, aunque siempre lo hice con la mejor intención, todo para que ambos prosperáramos. No creí que eso fuera a ser una limitación para alguien.

Fueron días de salidas, diversión, descubrimiento, pasión y un sinfín de sentimientos que creí que jamás volvería a experimentar de nuevo. Fue entonces cuando me entregué por completo, creí que merecía la pena mostrarme tal cual era, quitarme la armadura que en su momento me coloqué para evitar ser lastimado y volver a ser ese ser “sentimental” con vulnerabilidades presentes. Uno llega a creer que eso puede ser tomado en cuenta y muy valorado. Desde el principio planteé la relación con esta chica como algo serio, que durara por mucho tiempo y ante cualquier inconveniente siempre dialogarlo, discutirlo e incluso negociarlo, primando la sinceridad en la relación. Pero… todo se fue al carajo.

Esta es la parte que más duele y fue cuando nos encontrábamos por segunda vez en una verdadera intimidad. Una cosa llevó a la otra y terminamos pasando de un sexo casual a algo más salvaje. En ese momento, pensé brevemente que esto podía ser muy difícil para ella al ser su segundo hombre en toda la vida después de tantos años (recordando que solo había estado con mujeres después de probar con un chico en su adolescencia). Aunque en el momento del acto realmente uno pierde el juicio y la razón desaparece, por lo que no medí mis energías y aunque en un punto ella me expresaba que aguantaba hasta donde yo me excitara, terminó diciendo basta y costó parar. Para mí, las cosas parecían haber terminado muy bien. Ella siguió comportándose como mi pareja de todos los días anteriores, dormimos juntos abrazados, pude hacerle el desayuno/almuerzo en casa y de allí organizarnos para ir a trabajar, todo muy normal, aunque ella expresaba cierta molestia interior, todo bien hasta ahí.

Imagen sacada de acá.

Las horas pasaban y notaba cómo su ánimo iba decayendo y no comprendía el por qué. A pesar de ello, seguía comportándose como mi pareja de siempre. Logramos salir del trabajo y la acompañé hasta su estación de destino para posteriormente yo continuar solo hasta mi casa. Durante el camino llegué a pensar que su cambio de actitud se debía a la medicación que había tomado en días anteriores. Tuve que comprar un medicamento, la famosa pastilla del “día después”, debido a que en nuestra primera intimidad no nos protegimos y ella no planificaba, por lo que siempre fue un riesgo bastante grande. Estuvimos a la expectativa de si le bajaba o no la regla, cuestión que no me parecía tan alarmante porque la amaba tanto que quería formar una familia de golpe, por lo que un embarazo me hubiera hecho el hombre más feliz del mundo. Pero nada de eso, continuemos con la tragicomedia.

Antes de llegar a casa yo hice una parada para realizar una 1 de entrenamiento físico, de allí ella me llamo al celular y me expreso “Amor, ya llegue a la casa para que sepas” y yo tan emocionado le mostré a mi amigo el celular, presumiendo que al fin tenía a alguien, le explique que tenía muchos planes a corto y largo plazo, que realmente era la luz de mis ojos, pero pase del cielo al infierno en cuestión de minutos. Posteriormente, pasado un tiempo me envió lo siguiente:

“IMPORTANTE: Debo comunicarte algo y prefiero escribirlo porque hablar de muchas cosas para mí es difícil. Pienso que debemos dejar esto hasta aquí. Yo sé que ya ha pasado mucho y las expectativas son muy altas sobre esto, pero sé que no estoy lista para asumir todo lo que esto conlleva. Te voy a decir exactamente por qué realmente pienso que no puedo con esto. Tengo que ser honesta y en la intimidad, aunque fue algo diferente para mí, hoy te lo dije. Ya es cuestión de elección y tengo muy en cuenta que te dije muchas veces no, y no te importó. De cierto modo, me pareció egoísta de tu parte. No logras imaginar realmente lo adolorida que estaba yo y ese detallito no me agradó. Fue muy repetitivo. En ese momento, me cuestioné el por qué no era de mi agrado estar con un chico. No me gusta tu manera de tratarme y te dije que yo soy muy vulgar, pero mi manera de tratar a mi pareja es totalmente diferente. Eso es simplemente cuestión de respeto. Cuando hablamos, de verdad siento que tú me escuchas, pero no me tomas en cuenta lo que digo. No quiero que gastes tu dinero en mí. Por lo mismo, no sabía hasta dónde podía aguantar tales cosas que no me agradan. Acostumbro y quiero en mi vida a alguien que me cuide en todo aspecto y se preocupe por cómo me siento. Piensas y dices lo que tú planeas y quieres, y luego por allá recuerdas que es importante lo que yo también quiero. Pienso que debo decirlo ahora y no luego. Ten en cuenta que estoy actuando desde la razón. Ten en cuenta que mi decisión solo tiene que ver con lo que sucede entre los dos. Ojalá respetes mi pensar y lo que decidí. Espero lo tomes de la mejor manera y en este momento asumo lo que se viene. Si no tomas las cosas de la mejor manera y si es necesario que solicite un traslado por tu tranquilidad, lo haré. Te quiero como amigo, te admiro como persona, pero decido no aceptarte como pareja.”

Texto 100% real que ella me dedico en el momento menos oportuno.

Fue el mensaje que más me ha dolido, no tengo palabras para expresar lo devastado que estaba, sentí que me hubieran atravesado una daga una y mil veces… me sentí abandonado de nuevo, me sentí miserable y profundamente avergonzado.

Soy yo el problema

No recuerdo haber llorado durante tanto tiempo, literalmente. En ese momento, el mundo se me vino encima. Le escribí y mandé audios disculpándome, solicitando su perdón y queriendo que las cosas no se acabaran ahí, pero nada de ello funcionó. A duras penas pude llegar arrastrándome a mi casa, como un maldito miserable. No me provocaba ni comer. Le pedí 20 minutos más de tiempo a mi amigo para que me acompañara. Este, un poco indiferente ante la situación, me acompañó para posteriormente retirarse, ya que debía madrugar a trabajar. Fue entonces cuando me quedé solo en la oscuridad, sin con quién hablar. Le escribí a muchas personas y nadie me contestaba… Fue como tocar la puerta de tantas casas en busca de ayuda y que nadie abriera. Consideré rápidamente acabar con mi sufrimiento, terminar con mi vida de una vez por todas, pero no pude. Incluso en eso soy un maldito error, no tengo el valor para hacerlo.

Imagen sacada de acá.

Después de horas de llanto, pude hablar con mi familia, quienes me consolaron. Ellos expresaban que ella pudo querer buscar una excusa para no continuar conmigo, ya que realmente no le interesaban los hombres, simplemente había “probado” y no le convenció. No sé yo, pero fue algo demasiado trágico y de lo que podía asumir la culpa tranquilamente, porque al expresarle lo que sentía, me arriesgué a que este tipo de cosas sucedieran. Por suerte, pude conciliar el sueño y mi esperanza estaba en arreglar las cosas una vez la viera durante la noche en mi trabajo, para poder hablar las cosas físicamente y tratar de llegar a un acuerdo.

Pasaron las horas, ansiosamente cruzaba los dedos para que el tiempo pasara lo más rápido posible y poder dialogar con ella. Finalmente se dio la oportunidad. Fueron horas y horas de charla, por momentos creía que avanzaba 5 pasos para luego retroceder 20, así sucesivamente. Era un tira y afloje. Siempre creí que ella había malinterpretado muchas cosas de las situaciones que habíamos vivido. Incluso llegué a pensar que empezó a desapegarse de mí poco a poco. Seguíamos discutiendo todo el tiempo en términos razonables, pero nunca llegamos a un acuerdo. Finalmente, ella confirmó un “rotundo no”. Realmente ya no me quería como pareja y cada vez se cerraba más. Sentí su egoísmo, recogiendo el más mínimo inconveniente para no aceptarme en su vida. Fui tan flexible que no me importó rogar e implorar un poco de razón, porque creo que es difícil construir y más fácil destruir, pero a la larga uno recoge los frutos de la respectiva construcción y es mucho más satisfactorio, ¿no creen?

¿Y qué ha pasado hasta este momento? Resumiendo bastante, ella trata de evadirme en todo momento. Expresó que se sentía muy mal y que estuvo en el médico por el sangrado interno producto de la intimidad. Básicamente, ahora soy un “amigo” a distancia y es lo que más me puede herir, que la mujer de mis sueños y que en algún momento logré conquistar, ahora es una desconocida más.

Mis disculpas

Soy consciente de que todo esto fue mi culpa. Realmente soy el culpable de toda esta historia. Si hubiera priorizado la razón por encima de los sentimientos, nada de esto hubiera ocurrido. Habría evitado a toda costa mis heridas y también el dañar a tan bella persona que en su momento consideré un ángel. Es inevitable pensar que soy un error de la humanidad, un maldito caos que corrompe todo o termina autodestruyéndose. Literalmente, nací roto y no tengo reparación alguna. Si lo pienso bien, he evitado la muerte en tantos casos diferentes por esa misma razón. La vida parece querer verme penar y, de lo contrario, no me la quiere dejar fácil para que acabe tan sencillamente. Puedo llevar una vida casi “común” y corriente, pero sé que al final del día el abismo se apoderará de mí y el sobrepensamiento será mi mayor prisión de máxima seguridad. ¿De qué sirve vivir tan atormentado? De nada. Aunque tampoco tengo el valor para acabar con todo.

Llegando a este momento, solo quiero cerrar mis ojos, sentir que levemente me desaparezco y perder toda consciencia absoluta. No quiero volver a recordar quién soy y qué hice, o mejor dicho, no quiero vivir. Básicamente, quisiera que el universo borrara toda huella de mi existencia. Créanme, si tuviera la posibilidad de viajar en el tiempo, acabaría con cualquier señal o causa que llevara a mi posterior vida. Aniquilaría cada una de las posibilidades de que yo resultara en algo. Odio todo, me odio a mí mismo y a todo lo que me rodea. Por más que intento hacer las cosas lo mejor posible, nada sale bien y al fin de cuentas termina siendo un daño que no solo me afecta a mí, sino que afecta a otras personas.

No es suficiente con solo pedir perdón, no es suficiente con pedir clemencia, ni siquiera con desaparecer. Ya no hay nada que pueda hacer, no hay nadie que pueda salvarme. Estoy condenado a esta vida de mierda y lo lamento si puedo llegar a ofenderte. De hecho, mi existencia ya es una ofensa y no puedo hacer nada para evitarlo siendo un jodido fatalista. ¡Quiero despertar de este puto sueño! (realmente es una pesadilla) aunque objeto de muchas consciencias, entrañable diría yo… alucinante. En fin, un día más, un día menos.

Gracias por leer este lío psicológico una vez más.

Imagen sacada de acá.

1 comentario en «Reflexiones de un alma atormentada | Un relato de culpa y desesperación»

  1. Zicoxy3 dice:

    Triste. No sé qué expresar, que decir. Las relaciones son complicadas, mucho. No busques, Aparecerá cuando menos lo esperas. Aprende de ésto. El dicho ” lo que no te mata te hace más fuerte” es cierto.
    Mucho ánimo en esos momentos terroríficos..

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