Mi experiencia con el Samsung Galaxy S25 Ultra ¿Vale la pena?

Nota: Sí, es una reseña de un móvil lanzado en el 2025… Quizás para algunos esté viviendo en el pasado, pero para quienes utilizan un móvil como yo (los invito a leer el artículo), les servirá como referencia.

Desde hace un tiempo he querido escribir este artículo, aunque claramente estaba esperando que la experiencia se consolidara para poder tener conclusiones más sólidas. Sé que este tipo de textos suele ser de interés para compradores y posibles compradores de este tipo de móvil, y lo sé porque yo mismo soy de ese tipo de persona que, antes de comprar cualquier tecnología, primero lee unos diez artículos en línea para intentar entender si realmente vale la pena o no. Aunque, para ser claros, con este dispositivo en ningún momento tuve dudas.

Sin embargo, la documentación que existe sobre la experiencia de uso de este modelo es más bien escasa. La mayor parte de la información que se encuentra está en YouTube, normalmente entre videos publicitarios y otros más críticos, centrados sobre todo en las características llamativas y en las comparativas con otros dispositivos de la misma gama. Algo que sirve para darte una idea general, pero no necesariamente una experiencia real de uso prolongado.

Vídeo sacado de acá: https://youtu.be/3BAgmbMrB64

Pues bien, ya casi cumplo el mes con este dispositivo y, sinceramente, ha superado cualquier expectativa. Aunque, antes de entrar en detalle, es necesario contextualizar brevemente mi relación con los teléfonos móviles.

Nunca he sido usuario de modelos “premium”. No por falta de interés, sino porque siempre he llevado una vida bastante modesta y tampoco he considerado necesario tener lo último del mercado si lo que tienes actualmente funciona correctamente. Por ello, suelo cambiar de móvil muy pocas veces, y normalmente los dispositivos me duran bastante, en parte porque los cuido con bastante atención.

En ese sentido, vengo de un Xiaomi Redmi Note 12, del cual ya he escrito anteriormente (y que, en resumen, es un muy buen dispositivo para su precio, aunque requiere cierta limpieza inicial debido al bloatware), también tuve un Redmi Note 9S hasta que me lo robaron y antes de ese tuve un Motorola G7 Play, todos dentro de gamas bastante básicas.

El Motorola G7 Play fue lanzado en 2019 y actualmente está descontinuado. No recuerdo su precio exacto, pero era un dispositivo económico. El Xiaomi Redmi Note 12, por su parte, fue lanzado en 2023 y actualmente se encuentra aproximadamente en torno a los 650.000 mil pesos. Menciono estos datos para contextualizar el salto tecnológico, porque realmente no vengo de gama media-alta ni mucho menos: vengo de dispositivos claramente de gama de entrada o gama baja.

Hace años era de esas personas que miraban los teléfonos de gama alta como quien observa un Ferrari estacionado frente a una panadería: algo bonito, exagerado y probablemente innecesario para la vida cotidiana.

Siempre he pensado que el mercado móvil tiene algo de distorsión. Cada año aparecen nuevos “Ultra”, “Pro”, “Max”, “Edge”, “Plus”, “Turbo Hyper Mega Quantum Edition”, como si el modelo anterior hubiera quedado obsoleto de manera casi absurda. Nunca he conectado demasiado con esa obsesión moderna de cambiar de dispositivo cada doce meses como si fueran accesorios desechables.

Por eso, durante mucho tiempo me mantuve en la gama media o baja. Dispositivos funcionales, resistentes y suficientemente capaces para el día a día sin necesidad de invertir cantidades excesivas de dinero. Y sinceramente, no me arrepiento de esa etapa. De hecho, sigo pensando que la gama media ofrece, en muchos casos, un equilibrio más honesto que ciertos “flagships” exageradamente caros.

El primer cambio evidente con este dispositivo es la percepción de velocidad y fluidez en Android. Muchas veces las marcas hablan de rendimiento utilizando cifras, benchmarks y términos de marketing que al usuario promedio le dicen poco o nada. Pero aquí la diferencia sí se percibe en el uso diario.

No se trata únicamente de abrir aplicaciones rápidamente, algo que hoy en día prácticamente cualquier teléfono decente puede hacer. Se trata de esa sensación extraña donde todo responde antes incluso de que termines de anticiparlo. Cambiar entre aplicaciones pesadas, editar fotografías, trabajar con multitarea intensiva, mantener múltiples procesos en segundo plano o utilizar el dispositivo durante horas sin notar ralentizaciones se convierte en algo completamente normal.

Y eso es precisamente lo peligroso de un dispositivo así: redefine demasiado rápido tu estándar de comodidad tecnológica.

Especificaciones

CategoríaEspecificaciones
Pantalla6.9” Dynamic AMOLED 2X, QHD+ (3120 × 1440), 120 Hz adaptativos (1–120 Hz), HDR10+, brillo pico aprox. 2600 nits, protección Gorilla Glass Armor 2
Diseño y construcciónMarco de titanio, cristal reforzado, resistencia IP68 (agua y polvo), diseño plano con bordes suavizados
Dimensiones162.8 × 77.6 × 8.2 mm
Peso218 g
ProcesadorSnapdragon 8 Elite for Galaxy (3 nm), CPU de alto rendimiento optimizado para IA
GPUAdreno 830
RAM12 GB LPDDR5X
Almacenamiento256 GB / 512 GB / 1 TB (UFS 4.0)
ExpansiónNo soporta microSD
Sistema operativoAndroid 15 con One UI 7
ActualizacionesHasta 7 años de soporte de sistema y seguridad
Cámara trasera principal200 MP, f/1.7, OIS
Ultra gran angular50 MP, 120°
Teleobjetivo 3x10 MP, OIS
Teleobjetivo 5x (periscópico)50 MP, OIS
Cámara frontal12 MP, HDR, grabación 4K
Video8K a 30 fps, 4K hasta 120 fps, 1080p hasta 240 fps, HDR avanzado
Batería5000 mAh
Carga rápida45 W por cable, 15 W inalámbrica
Carga inversaSí (Wireless PowerShare)
Conectividad5G, Wi-Fi 7, Bluetooth 5.4, NFC, UWB, USB-C 3.2
BiometríaSensor ultrasónico de huella bajo pantalla + reconocimiento facial
AudioAltavoces estéreo, sin jack 3.5 mm
S PenIntegrado, sin Bluetooth en esta generación
ResistenciaIP68 (agua y polvo)
SensoresAcelerómetro, giroscopio, proximidad, brújula, barómetro, luz ambiental
Funciones IAGalaxy AI (edición de fotos, traducción, resúmenes, herramientas generativas, Circle to Search, etc.)
ColoresVariantes Titanium (negro, gris, azul, plata, entre otros según región)

En mi caso particular, utilizo constantemente aplicaciones en segundo plano durante todo el día. Mantengo VPN activa de forma permanente, servicios de mensajería cifrada, sincronización constante, múltiples cuentas de correo, navegación intensiva, consumo multimedia, edición rápida de imágenes y escritura frecuente desde el propio dispositivo.

Además, mi rutina laboral implica un uso intensivo de la cámara, toma constante de evidencia fotográfica, revisión rápida de información y alternancia continua entre aplicaciones mientras me desplazo o trabajo.

El S25 Ultra soporta todo esto sin dar la menor sensación de esfuerzo. Y después de varias semanas de uso intensivo, puedo decir que probablemente es el primer teléfono que realmente transmite esa sensación de “exceso” de potencia. Nunca parece estar cerca de su límite.

Otro de los aspectos más impactantes es la pantalla. Y aquí es donde empiezan los efectos psicológicos de usar una gama alta real: una vez te acostumbras a este nivel, el resto de dispositivos empiezan a parecer inferiores sin serlo necesariamente.

Todo luce más limpio, más brillante y más nítido. Actividades tan simples como leer texto, navegar durante largos periodos o visualizar fotografías se vuelven notablemente más cómodas. El nivel de refinamiento es difícil de describir hasta que se experimenta de forma prolongada. El brillo exterior es excelente, los colores son intensos sin llegar a verse artificiales y la fluidez constante hace que otros dispositivos parezcan más lentos de lo que realmente son.

Donde realmente terminó sorprendiéndome fue en la cámara. Y lo digo siendo alguien bastante crítico con este apartado en la mayoría de fabricantes. Muchas compañías tienden a exagerar en sus campañas publicitarias, mostrando resultados que no siempre coinciden con la experiencia real.

Samsung, en este caso, sí consigue acercarse bastante a lo que promete. Las fotografías tienen un nivel de detalle muy alto, especialmente en condiciones nocturnas, donde el procesamiento computacional actúa de forma agresiva pero eficaz.

De hecho, hubo momentos en los que me surgió una idea inquietante: los teléfonos están empezando a interpretar la realidad visual mejor que nuestros propios ojos en ciertas condiciones. Y aunque esto resulta fascinante desde el punto de vista tecnológico, también plantea una duda incómoda sobre hasta qué punto seguimos capturando realidad o simplemente versiones reinterpretadas mediante inteligencia artificial y procesamiento digital.

Ahí aparece otro de los grandes debates del S25 Ultra: la inteligencia artificial integrada en prácticamente todo el sistema. Samsung ha apostado fuertemente por este enfoque, y tengo sentimientos encontrados.

Algunas funciones son realmente útiles, como las herramientas de edición fotográfica (expandir, borrar elementos o ajustes inteligentes), así como opciones orientadas a productividad, traducción, edición rápida o resúmenes automáticos, aunque personalmente no utilizo todas.

Y quizás ahí está la verdadera trampa de la gama alta moderna. No es únicamente la potencia, ni la cámara, ni la pantalla. Es la comodidad. Porque una vez te acostumbras a que todo funcione demasiado bien, volver atrás deja de ser una opción cómoda… y empieza a parecer un retroceso.

Apartado de privacidad/seguridad ¿Realmente es seguro?

El Samsung Galaxy S25 Ultra no es solo un dispositivo potente, también es, en cierto sentido, un nodo dentro de un ecosistema mucho más amplio. Y aquí aparece el primer punto incómodo que rara vez se menciona con claridad: la privacidad ya no es una función que se activa o desactiva, sino una arquitectura completa que determina cuánto de tu vida digital circula entre Google, Samsung y un conjunto de servicios que operan en segundo plano casi de forma permanente.

Desde el primer encendido, el dispositivo está profundamente integrado con el ecosistema de Google. Android 15 no es simplemente un sistema operativo, es una puerta de entrada a una red de servicios que incluye Play Services, sincronización de cuenta, ubicación, copias de seguridad automáticas, historial de actividad y, en ciertos casos, personalización publicitaria si no se desactiva manualmente. No es algo exclusivo de Samsung, pero aquí se siente especialmente presente porque prácticamente todo está diseñado para funcionar mejor cuando aceptas esa integración completa. Maps, fotos, teclado, búsqueda, sugerencias inteligentes… todo fluye con más precisión cuando el sistema puede aprender de ti.

A esta capa se suma el ecosistema propio de Samsung, que no es menor ni decorativo. Samsung Account, Galaxy Store, SmartThings, Samsung Health, Find My Mobile y el conjunto de servicios asociados a Galaxy AI forman una segunda infraestructura paralela. En la práctica no estás dentro de un único ecosistema, sino en dos funcionando al mismo tiempo, ambos recopilando datos, ambos optimizando experiencias y ambos construyendo perfiles de uso desde ángulos distintos pero complementarios. Esa duplicidad es sutil, pero constante.

En los últimos años Samsung ha intentado suavizar esta percepción con mejoras claras en One UI. Hay paneles de privacidad más transparentes, indicadores de cámara y micrófono, permisos más granulares y controles de diagnóstico más accesibles. Incluso Galaxy AI introduce opciones de procesamiento local en ciertas tareas, lo que reduce la dependencia de la nube en funciones básicas como edición o sugerencias. Sin embargo, esta autonomía es parcial: las funciones más avanzadas siguen dependiendo de servidores externos.

Y aquí surge la pregunta inevitable: cuánto de lo que haces en este teléfono realmente se queda en el teléfono.

La respuesta, siendo honestos, es cada vez menos. No porque exista un comportamiento oculto o malicioso, sino porque el modelo actual de smartphone está construido alrededor de la nube. La experiencia “inteligente” depende de aprendizaje continuo, sincronización constante, predicción de acciones y análisis de patrones de uso. Eso implica telemetría permanente, aunque esté fragmentada o anonimizada. Google lo hace por diseño; Samsung intenta equilibrarlo con su propio ecosistema, pero no escapa del mismo paradigma.

Ahora bien, hablar de “movimientos sospechosos” en el S25 Ultra sería incorrecto si lo entendemos en términos tradicionales. No hay comportamientos anómalos visibles ni indicios de actividad fuera de lo esperado en un dispositivo Android moderno de gama alta. Lo que sí existe es algo más interesante y más sutil: una sensación de conectividad excesiva por defecto.

Durante la configuración inicial, el sistema empuja activamente a activar sincronización, copias de seguridad, localización, diagnóstico y personalización de anuncios. Nada es obligatorio, pero todo está diseñado para que el usuario promedio lo acepte sin demasiada reflexión. Lo mismo ocurre con Galaxy AI, que en varias funciones invita a enviar datos a la nube para mejorar resultados. Es funcional, sí, pero también es una expansión silenciosa de la superficie de datos.

A esto se suma otro problema menos visible: la fragmentación de controles de privacidad. Hay ajustes dentro de Google, otros dentro de Samsung, otros dentro de cada aplicación y otros distribuidos por el propio sistema operativo. Ninguno es suficiente por sí solo. El resultado es claro: controlar completamente lo que se comparte requiere intención, tiempo y cierto nivel de conocimiento técnico. No es que esté oculto, pero tampoco está diseñado para ser evidente.

En cuanto a seguridad pura, el dispositivo se encuentra en un nivel muy alto. El cifrado a nivel de sistema, la carpeta segura (Secure Folder), el aislamiento de procesos sensibles y las protecciones modernas de Android convierten al S25 Ultra en un entorno bastante sólido frente a accesos físicos o ataques comunes. Sin embargo, aquí aparece la distinción clave que suele confundirse: la seguridad local ya no es el problema principal. Hoy el punto crítico no es quién entra al dispositivo, sino qué sale de él.

Y ahí es donde el S25 Ultra se vuelve interesante desde una perspectiva más consciente del ecosistema digital. No es un teléfono que “espía” en el sentido clásico de la palabra. Es un dispositivo que asume que vas a compartir datos para que todo funcione mejor. Si aceptas ese pacto, la experiencia es excelente. Si no lo aceptas, el sistema sigue funcionando, pero pierde parte de su fluidez, su personalización y su “magia”.

En ese contexto aparece una comparación inevitable: GrapheneOS.

GrapheneOS no es compatible con el Samsung Galaxy S25 Ultra, y no lo será por razones estructurales profundas (He debatido sobre esto en Mastodon, creó que son un poco elitistas). Este sistema está diseñado exclusivamente para dispositivos Pixel con un hardware y una cadena de arranque controlada desde el diseño, lo que permite un nivel de endurecimiento del sistema operativo que depende directamente del fabricante.

Samsung opera de manera completamente distinta. Su arquitectura de seguridad se basa en Knox, un sistema que no es una capa superficial, sino una infraestructura de seguridad basada en hardware. El bootloader está altamente restringido y, en muchos casos, directamente bloqueado. Incluso cuando se permite desbloquearlo, el proceso activa mecanismos irreversibles a nivel de hardware.

El más importante es el Knox Warranty Bit (eFuse), un fusible electrónico que se activa cuando el sistema detecta modificaciones en la cadena de arranque. Una vez disparado, el dispositivo queda marcado como “comprometido” de forma permanente, afectando funciones como Samsung Pay, Secure Folder y ciertos servicios empresariales.

Knox en sí mismo es una de las implementaciones de seguridad más robustas del ecosistema Android comercial. Funciona sobre varias capas: arranque verificado (Secure Boot), aislamiento por hardware mediante entorno de ejecución confiable (TEE), cifrado basado en archivos (FBE) con claves vinculadas al hardware y aislamiento de espacios como Secure Folder, que actúa como un entorno completamente separado dentro del dispositivo.

Y rara vez ambas cosas habitan el mismo dispositivo sin compromisos.

Comparativa de privacidad y seguridad en smartphones (2026)

Aspecto claveSamsung Galaxy S25 UltraiPhone (iOS 18 / iPhone 16 Pro Max)Google Pixel (Pixel 9 / 9 Pro)Android con GrapheneOS (Pixel)
Seguridad del sistema (anti-hack / anti-exploit)Muy alta (Knox + hardware TEE)Muy alta (Secure Enclave)AltaMuy alta (hardening extremo)
Cifrado de datosFBE + claves ligadas a hardware (Knox)Cifrado fuerte + Secure EnclaveFBE estándar Android + Titan M2FBE endurecido + control avanzado de claves
Control del bootloaderMuy limitado / fusible Knox irreversibleCerrado totalmenteDesbloqueable oficialmenteTotalmente controlable (clave del sistema)
Privacidad por defectoMedia (ecosistema Samsung + Google activo)Alta (Apple minimiza tracking externo)Media-baja (Google centrado en datos)Muy alta (sin Google por defecto)
Recolección de datos del fabricanteMedia (Samsung + servicios preinstalados)Baja-media (Apple más restrictivo)Alta (Google es data-driven)Muy baja
Dependencia de nubeAlta (Samsung Cloud + Google)Media (iCloud, bastante integrado)AltaBaja (puede ser offline-first)
Transparencia del sistemaMedia (muchos ajustes dispersos)Media-altaMediaMuy alta (auditable y controlable)
Actualizaciones de seguridad7 años aprox.5–7 años7 añosDepende del mantenimiento (muy activo en GrapheneOS)
IA / procesamiento externoAlta integración (Galaxy AI + nube opcional)Alta (Apple Intelligence parcial)Muy alta (Google AI dependiente de nube)Mínima / opcional
Control de permisosBueno pero fragmentadoMuy bueno y centralizadoBuenoExtremo (control granular total)
Resistencia a manipulación físicaMuy alta (Knox + eFuse)Muy alta (Secure Enclave)AltaAlta
Facilidad de uso “seguro sin tocar nada”AltaMuy altaAltaMedia-baja (requiere conocimiento)
Privacidad real (sin configuración avanzada)MediaAltaMedia-bajaMuy alta
Privacidad con configuración avanzadaMedia-altaAltaMediaExtrema
Nivel de “ecosistema cerrado”AltoMuy altoAltoBajo

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente descrito, sí vale la pena invertir en este dispositivo móvil. Además, está previsto que su precio siga bajando hasta agotar el stock, principalmente porque ya está próximo el lanzamiento del Galaxy S27, por lo que sus versiones anteriores claramente dejarán de ser la prioridad (aunque seguirán contando con un gran soporte).

El precio por el que adquirí el teléfono fue de 4.649.900 pesos colombianos y, según tengo entendido, llegó a costar casi 6 millones de pesos (una locura). Hasta el momento, es el celular más caro que he comprado y no me arrepiento. Si por alguna razón no eres afín a Samsung, puedes optar por dispositivos de otras marcas que se encuentran en ese mismo rango de precio y calidad (para hacerse una idea de con qué dispositivos compite): iPhone 16 Pro Max, Xiaomi 15, OnePlus 13, Honor Magic 7 Pro, Vivo X200 Pro y Oppo Find X8 Pro.

Claramente, este no es un artículo promocional; simplemente me gusta compartir mi experiencia con la tecnología que utilizo. Quizás pueda servir de ayuda en la toma de decisiones para cualquier persona en esta gran red. Gracias por leer. Quedo atento a cualquier corrección y/o aporte.

Saludos.

Imagen sacada de acá.
0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest

0 Comments
Most Voted
Newest Oldest
Inline Feedbacks
View all comments
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x